Que Significa Tomar La Santa Cena?

Que Significa Tomar La Santa Cena
Cristo instituyó la Santa Cena –

  • ¿Qué enseñan los emblemas de la Santa Cena en cuanto a la expiación de Jesucristo?

Nuestro Salvador desea que recordemos Su gran sacrificio expiatorio y que guardemos Sus mandamientos; para ayudarnos a lograrlo, nos ha mandado que nos reunamos con frecuencia y participemos de la Santa Cena. La Santa Cena es una ordenanza del santo sacerdocio que nos recuerda la expiación del Salvador. Durante la Santa Cena, participamos del pan y del agua y lo hacemos en memoria de Su carne y de Su sangre, las que Él ofreció como sacrificio por nosotros. Al participar de la Santa Cena, renovamos convenios sagrados que hemos hecho con nuestro Padre Celestial.

Poco antes de Su crucifixión, Jesucristo reunió a Sus apóstoles en un aposento alto. Él sabía que muy pronto moriría en la cruz y que esa sería la última vez que se reuniría con Sus amados apóstoles antes de Su muerte.

Él deseaba que lo recordaran siempre para que pudieran fortalecerse y mantenerse fieles. Con el fin de que lo recordaran, instituyó la Santa Cena. Partió el pan en pedazos y lo bendijo. Luego dijo: “…Tomad, comed; esto es en memoria de mi cuerpo, el cual doy en rescate por vosotros” (Traducción de José Smith, Mateo 26:22).

  • Enseguida tomó una copa de vino, la bendijo, se la dio a los apóstoles para que bebieran, y dijo: “…esto es en memoria de mi sangre… que es derramada por cuantos crean en mi nombre, para remisión de sus pecados” (Traducción de José Smith, Mateo 26:24; véase también Mateo 26:26–28 ; Marcos 14:22–24 ; Lucas 22:15–20 );

Después de Su resurrección, el Salvador visitó el continente americano y enseñó a los nefitas las mismas ordenanzas (véase 3 Nefi 18:1–11 ; 20:1–9 ). Después de que la Iglesia se restauró en los últimos días, Jesús nuevamente mandó a Su pueblo que participara de la Santa Cena en memoria de Él, diciéndoles: “Conviene que la iglesia se reúna a menudo para tomar el pan y el vino en memoria del Señor Jesús” ( D.

¿Qué poder tiene la Santa Cena?

La Santa Cena: Una renovación para el alma El Espíritu sana y renueva nuestra alma. La bendición prometida de la Santa Cena es que “siempre [podremos] tener su Espíritu [con nosotros]”. En una ocasión, un grupo de jovencitas me preguntó: “¿Qué le hubiera gustado saber cuando tenía nuestra edad?”.

  • Si respondiera a esa pregunta ahora, les diría: “Cuando tenía su edad me hubiera gustado entender mejor la importancia de la Santa Cena; quisiera haber entendido la Santa Cena de la forma en que el élder Jeffrey R;

Holland la describió. Él dijo: ‘Una de las invitaciones inherentes de la ordenanza de la Santa Cena es que sea una verdadera experiencia espiritual, una santa comunión, una renovación del alma’ 1 “. ¿De qué manera puede ser la Santa Cena “una verdadera experiencia espiritual, una santa comunión, una renovación del alma” cada semana? La Santa Cena se convierte en una experiencia que nos fortalece cuando escuchamos las oraciones sacramentales y nos volvemos a comprometer a cumplir nuestros convenios.

  1. Para hacerlo, debemos estar dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo 2;
  2. Refiriéndose a esa promesa, el presidente Henry B;
  3. Eyring enseñó: “Eso significa que tenemos que considerarnos como que le pertenecemos; lo colocamos en el primer lugar de nuestra vida; deseamos lo que Él desea y no lo que nosotros queremos o lo que el mundo nos enseña que debemos ambicionar” 3;

Cuando tomamos la Santa Cena, también hacemos convenios de “recordarle siempre” 4. La noche antes de ser crucificado, Cristo reunió a Sus apóstoles e instituyó la Santa Cena. Partió pan, lo bendijo y dijo: “Tomad, comed; esto es en memoria de mi cuerpo, el cual doy en rescate por vosotros” 5.

  • Luego tomó un vaso de vino, dio gracias, se lo dio a Sus apóstoles para tomar y dijo: “…esto es en memoria de mi sangre… que es derramada por cuantos crean en mi nombre” 6;
  • Entre los nefitas, y también al restaurar Su Iglesia en los últimos días, repitió que debemos tomar la Santa Cena en memoria de Él 7;

Al participar de la Santa Cena, testificamos a Dios que recordaremos a Su Hijo siempre y no sólo durante la breve ordenanza de la Santa Cena. Eso significa que constantemente acudiremos al ejemplo y las enseñanzas del Salvador para guiar nuestros pensamientos, decisiones y actos 8.

La oración sacramental también nos recuerda que debemos “guardar sus mandamientos” 9. Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” 10. La Santa Cena nos da una oportunidad para la introspección y para volcar nuestro corazón a la voluntad de Dios.

La obediencia a los mandamientos trae el poder del Evangelio a nuestra vida, así como mayor paz y espiritualidad. La Santa Cena brinda un momento para una experiencia realmente espiritual al reflexionar en el poder redentor y habilitador del Salvador por medio de Su expiación.

  1. Hace poco, una líder de las Mujeres Jóvenes supo de la fortaleza que recibimos al esforzarnos por participar de la Santa Cena de manera reflexiva;
  2. A fin de completar un requisito del Progreso Personal, se puso la meta de concentrarse en las palabras de los himnos y de las oraciones sacramentales;

Cada semana llevaba a cabo una autoevaluación durante la Santa Cena. Recordaba los errores que había cometido y se comprometía a mejorar la próxima semana. Estaba agradecida de poder hacer las cosas bien y llegar a ser limpia. Viendo la experiencia en retrospectiva, dijo: “Estaba poniendo en práctica la parte de la Expiación que corresponde al arrepentimiento”.

  1. Un domingo, después de su autoevaluación, empezó a sentirse triste y pesimista;
  2. Podía ver que estaba cometiendo los mismos errores una y otra vez, semana tras semana;
  3. Pero luego tuvo la clara impresión de que estaba dejando de lado una parte importante de la Expiación: el poder habilitador de Cristo;

Estaba olvidando todas las ocasiones en que el Salvador la ayudó a ser quien necesitaba ser y a prestar servicio más allá de su propia capacidad. Con eso en mente, reflexionó nuevamente sobre la semana anterior. Ella dijo: “Un sentimiento de gozo irrumpió en mi melancolía al observar que Él me había dado muchas oportunidades y habilidades.

Noté con gratitud la habilidad que tuve de reconocer la necesidad de mi hijo aun cuando no era obvia. Observé que un día en que sentía que no había tiempo para una cosa más, pude ofrecer palabras de fortaleza a una amiga.

También había demostrado paciencia en una situación que normalmente producía en mí el efecto contrario”. Finalizó diciendo: “Al agradecer a Dios el poder habilitador del Salvador en mi vida, me sentí mucho más optimista en cuanto al proceso de arrepentimiento que estaba tratando de aplicar y contemplé la siguiente semana con renovada esperanza”.

El élder Melvin J. Ballard enseñó la manera en que la Santa Cena puede ser una experiencia que sana y purifica. Él dijo: “¿Quién de nosotros no ha herido en alguna forma su espíritu por medio de la palabra, el pensamiento o la acción, de domingo a domingo? Cierto es que hacemos cosas que lamentamos y por las cuales deseamos ser perdonados… El medio para obtener el perdón… [es] arrepentirnos de nuestros pecados e ir a aquellos a quienes hayamos ofendido y obtener su perdón; después, debemos acudir a la mesa sacramental donde, si hemos seguido con toda sinceridad los pasos del arrepentimiento, seremos perdonados y la cura espiritual se verificará en nuestra alma…” “Soy testigo”, dijo el élder Ballard, “de que en la administración de la Santa Cena hay presente un Espíritu que entibia el alma de pies a cabeza; se siente que las heridas del espíritu se cicatrizan y la carga se levanta.

Todo aquel que es digno y tiene un verdadero deseo de participar de este alimento espiritual recibe consuelo y felicidad” 11. Nuestra alma herida puede ser sanada y renovada no sólo porque el pan y el agua nos recuerdan el sacrificio del Salvador, de Su carne y de Su sangre, sino porque los emblemas también nos recuerdan que Él siempre será nuestro “pan de vida” 12 y “agua viva” 13.

Tras administrar la Santa Cena a los nefitas, Jesús dijo: “El que come de este pan, come de mi cuerpo para su alma; y el que bebe de este vino, bebe de mi sangre para su alma; y su alma nunca tendrá hambre ni sed, sino que será llena.

“Y cuando toda la multitud hubo comido y bebido, he aquí, fueron llenos del Espíritu” 14. Con esas palabras, Cristo nos enseña que el Espíritu sana y renueva nuestra alma. La bendición prometida de la Santa Cena es que “siempre [podremos] tener su Espíritu [con nosotros]” 15.

Cuando participo de la Santa Cena, en ocasiones me viene a la mente un cuadro que representa al Salvador resucitado con los brazos extendidos, como si estuviera listo para recibirnos en Su amoroso abrazo.

¿Qué es tomar la Santa Cena indignamente? ¡Mira la verdad!

Me encanta ese cuadro. Cuando pienso en él durante la bendición y el reparto de la Santa Cena, mi alma se eleva puesto que casi puedo escuchar las palabras del Salvador: “He aquí, mi brazo de misericordia se extiende hacia vosotros; y a cualquiera que venga, yo lo recibiré; y benditos son los que vienen a mí” 16.

Los poseedores del Sacerdocio Aarónico representan al Salvador cuando preparan, bendicen y reparten la Santa Cena. Cuando un poseedor del sacerdocio extiende el brazo para ofrecernos los emblemas sagrados, es como si el Salvador mismo estuviera extendiendo Su brazo de misericordia, invitando a cada uno de nosotros a participar de los preciosos dones de amor que se ponen a nuestra disposición mediante Su sacrificio expiatorio: los dones del arrepentimiento, el perdón, el consuelo y la esperanza 17.

Cuanto más meditemos sobre el significado de la Santa Cena, más sagrada y significativa será para nosotros. Fue eso lo que un padre de 96 años expresó a su hijo cuando éste le preguntó: “Papá, ¿por qué vas a la Iglesia? No puedes ver ni escuchar, y te es difícil trasladarte de un lugar a otro.

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¿Por qué vas a la Iglesia?”. El padre contestó: “Por la Santa Cena. Voy a participar de la Santa Cena”. Ruego que cada uno de nosotros vaya a la reunión sacramental preparado para tener “una verdadera experiencia espiritual, una santa comunión, una renovación de [nuestra] alma” 18.

Sé que nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador viven. Agradezco la oportunidad que la Santa Cena nos brinda de sentir Su amor y participar del Espíritu. En el nombre de Jesucristo. Amén.

¿Qué se necesita para tomar la Santa Cena?

¿Qué quiere decir la palabra indignamente?

Adverbio de modo [ editar ] – 1 Que se hace o procede o trata con un inferior mérito o calidad o respeto del que corresponde. De modo indigno o con indignidad.

¿Cuál es el significado del pan y el vino en la Santa Cena?

El pan y el vino son elementos constitutivos del Sacramento , además de ser alimentos y formar parte de los Servicios Divinos. En primer lugar, el pan es el símbolo por excelencia de alimento humano. Y junto con el vino son de los alimentos más recurrentes que se mencionan en la Biblia.

  1. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se menciona al pan como alimento y se encuentra relacionado con diversos milagros;
  2. El pan también cumple una función de gran importancia en el Servicio Divino;

A este respecto, cabe mencionar que se colocaban doce panes en la mesa frente al velo del santísimo. Estos panes eran para el consumo de los sacerdotes durante los días de reposo y se iban reemplazando por otros nuevos. En cuanto al vino, aunque también se vincula a la alimentación , se trataba de una bebida que se consumía en las fiestas. Que Significa Tomar La Santa Cena El pan y el vino son elementos fundamentales de la eucaristía. Otra cena de celebración donde el pan representa un elemento imprescindible es en la cena de Pascua. Esta festividad se celebra en recuerdo de la liberación de los israelitas del cautiverio egipcio. Mientras que la Santa Cena simboliza la liberación de los hombres del cautiverio del pecado.

Además de esto, en Israel consideraban al vino un símbolo de alegría y salvación futura. Por último, tanto el pan como el vino forman parte de la Santa Cena , también conocida como eucaristía. Para las Iglesias de Comunión Anglicana, cuando el pan y el vino son consagrados se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Esto parte de los dichos de Jesús durante la Última Cena, asegurando que el pan era su cuerpo y el vino su sangre. Por esta razón, estos alimentos son los elementos fundamentales en el rito de la eucaristía. Si analizamos estos dichos de Jesús y la asociación de estos alimentos con su cuerpo y sangre encontramos más significados religiosos.

¿Cuál es el origen de la Santa Cena?

Home » El origen de la Santa Cena Que Significa Tomar La Santa Cena “El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua? Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos. Y los discípulos hicieron como Jesús le mandó, y prepararon la pascua” (Mateo 26:17-19). Este relato nos muestra claramente que los discípulos del Señor no tenían idea de la Santa Cena, y que lo que esperaban era participar de la pascua, porque aquel día estaba separado, en el calendario judío para conmemorar la fiesta de los panes ázimos o pascua.

La pascua para los judíos significa “fiesta”. Es el día en que se conmemora la liberación del pueblo de Israel del yugo egipcio. Fue instituida antes de acontecer la décima y última plaga impuesta por Dios a la tierra de Egipto.

En aquella oportunidad, el Señor ordenó que cada familia tomase un cordero sin defecto, o un cabrito, y lo sacrificase. Su sangre debería ser rociada por los postes y el dintel de la puerta de cada una de las casas, y que deberían comerlo asado, con el acompañamiento de panes ázimos (sin levadura) y hierbas amargas.

Cada participante de aquella pascua debería tener los lomos ceñidos, sandalias en los pies y con el bastón en la mano (véase Éxodo 12). Todo el ritual de la pascua apunta al Salvador Jesucristo. Luego de su participación con sus discípulos, tomó pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a ellos diciendo: “Tomad, comed, esto es mi cuerpo”.

A continuación, tomó la copa y, dando gracias, la dio a sus discípulos diciendo: “Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto que, por muchos, es derramada para remisión de pecados” (Mateo 26:26-28). Sin embargo, debemos notar que el Señor Jesús no hizo ningún paralelo de la pascua con la Santa Cena, porque Él participó primero de la pascua y después de la Cena, lo que nos hace comprender que quiso instituir una nueva liturgia que tuviera el mismo “calor” espiritual de la pascua para todos aquellos que le aceptan como el Salvador. Mensaje substraído de:  En Los Pasos de Jesús  (autor: Obispo Edir Macedo) Si usted tiene una pregunta o le gustaría una orientación:  Contáctenos Si le gustaría añadir su nombre y el de su familia en el libro de oración:  Libro de Oración Regrese a la página principal:  Página Principal

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30 Por lo cual hay muchos a enfermos y debilitados entre vosotros; y muchos duermen. 31 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados. 32 Pero siendo juzgados, somos a disciplinados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.
33 Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. 34 Si alguno tiene hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando llegue.

¿Qué quiere decir sin discernir el cuerpo del Señor?

12 de julio, 2017 - 00h07 Releyendo la exhortación apostólica postsinodal Amoris letitia, del papa Francisco, sobre el amor en la familia, encontré una parte cuya lectura me cuestionó y me indujo a compartirla con usted, pensando que la exposición puede serle útil.

Se trata de la parte titulada Discernir el cuerpo, que abarca los números 185 y 186 del documento. En ella Francisco expresa que es conveniente tomar muy en serio un texto bíblico que suele ser interpretado fuera de su contexto, o de una manera muy general, con lo cual se puede descuidar su sentido más inmediato y directo, que es marcadamente social, destaca.

Se trata de los versículos 17 al 34 del capítulo 11 de la Primera Epístola a los Corintios, donde san Pablo enfrenta una situación vergonzosa de la comunidad. Allí, algunas personas acomodadas tendían a discriminar a los pobres, y esto se producía incluso en el ágape que acompañaba a la celebración de la eucaristía.
Mientras los ricos gustaban sus manjares, los pobres se quedaban mirando y sin tener qué comer. Así "uno pasa hambre, el otro está borracho. ¿No tenéis casas donde comer y beber? ¿O tenéis tan en poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los pobres?".
Comenta Francisco: La eucaristía reclama la integración en un único cuerpo eclesial. Quien se acerca al Cuerpo y a la Sangre de Cristo no puede al mismo tiempo ofender este mismo Cuerpo provocando escandalosas divisiones y discriminaciones entre sus miembros.

Se trata, pues, de "discernir" el Cuerpo del Señor, de reconocerlo con fe y caridad, tanto en los signos sacramentales como en la comunidad, de otro modo, se come y se bebe la propia condenación, según el versículo 29 del citado capítulo 11.

Este texto bíblico es una seria advertencia para las familias que se encierran en su propia comodidad y se aíslan, pero más particularmente para las familias que permanecen indiferentes ante el sufrimiento de las familias pobres y más necesitadas. Continúa el papa: La celebración eucarística se convierte así en un constante llamado para "que cada cual se examine" en orden a abrir las puertas de la propia familia a una mayor comunión con los descartables de la sociedad, y, entonces sí, recibir el sacramento del amor eucarístico que nos hace un solo cuerpo.
No hay que olvidar que la "mística" del sacramento tiene un carácter social, como lo explicó Benedicto XVI en su carta encíclica Deus caritas est. Cuando quienes comulgan se resisten a dejarse impulsar en un compromiso con los pobres y sufrientes, o consienten distintas formas de división, de desprecio y de inequidad, la eucaristía es recibida indignamente.
En cambio, las familias que se alimentan de la eucaristía con adecuada disposición refuerzan su deseo de fraternidad, su sentido social y su compromiso con los necesitados, concluye Francisco al finalizar este tema del discernimiento en la recepción de la eucaristía, para que aprendamos a entregarnos como Jesús se nos entrega.

¿Qué representa el vino y pan?

Qué es Al pan, pan, y al vino, vino: - Al pan, pan, y al vino, vino es un refrán popular que invoca la franqueza y la necesidad de hablar con claridad sobre las cosas. Se usa para exigir a las personas hablar de manera directa y sin rodeos para poder arrojar luz sobre los asuntos que se discuten o sobre aquellas informaciones que se piden.
  • Se puede desglosar el refrán de la siguiente manera: el pan debe ser llamado pan y el vino debe ser llamado vino;
  • Esto quiere decir que cada cosa sea llamada por su nombre;
  • En este sentido, este popular refrán, muy usado por demás, resalta el valor de la franqueza del discurso y la valentía;
Tiene, en cierto sentido, un propósito práctico. Mientras más se demore una persona en abordar las cosas por su nombre y con apertura, más difícil serán las situaciones que se desarrollen. El refrán tiene algunas variantes. Por ejemplo, en algunas sociedades añaden ciertas palabras: "Decir pan al pan y vino al vino".
  1. También se suele decir "Al pan, pan, al vino, vino, y al gazpacho con pepino";
  2. Otra variación de esta expresión es: "Pan por pan, vino por vino";
  3. Ver también A buen entendedor, pocas palabras;
  4. Cómo citar: "Al pan, pan, y al vino, vino";
En: Significados. com. Disponible en: https://www. significados. com/al-pan-pan-y-al-vino-vino/ Consultado:.

¿Qué representa el vino?

Desde su nacimiento, hace más de 5. 000 años, el vino ha formado parte de las culturas del ámbito mediterráneo de forma tan intensa que se integra en sus religiones. En algunas se convierte incluso en el mismo Dios. El vino aparece rodeado de un aura especial y, en ese sentido místico, se transforma en alimento del espíritu.
  1. En la antigüedad se produjo una confrontación entre dos concepciones místicas radicalmente opuestas;
  2. Las religiones antiguas fueron finalmente desplazadas por las llamadas "religiones del Libro", lo que supuso un cambio radical en la concepción misma de lo espiritual;
El vino mantuvo un papel importante a pesar de esos cambios y conservó su dimensión esotérica, aunque con algunas diferencias sustanciales. La lucha de las dos concepciones religiosas se refleja claramente en la Biblia, en la lucha del concepto hebreo (la primera religión del Libro) contra la mitología de los pueblos de Canaán, la Palestina actual, una región considerada por los judíos nada menos que como la "tierra prometida por Dios".

En consecuencia, el "pueblo de Dios", el pueblo judío, se atribuye el mandato divino de destruir a los pueblos que habitan Palestina. En sus mandamiento les dice "no matarás", pero luego ordena: "Ve a Canaán y mata a todos los que encuentres allí".

Cuestión milenaria que explica muchas cosas aún hoy. La invasión puramente guerrera se viste con un manto religioso. El enfrentamiento económico (las tribus ganaderas nómadas de Israel ambicionaban los pastos de Palestina, "tierra de leche y miel") se envuelve de misticismo escenificando un claro enfrentamiento de dos conceptos irreconciliables: la sociedad matriarcal de la diosa Astarté, pacífica, hedonista, agrícola, es desplazada violentamente por el belicoso pueblo ganadero de Yahvé.

Se impone una religión monoteísta, de una divinidad celestial inaccesible y de culto a la muerte, frente a las divinidades ctónicas y la celebración de la vida del viejo sistema. La adoración a un dios recluido en los templos se impone al culto a la naturaleza, que se celebraba en todas partes.

En el proceso, que se prolonga en el enfrentamiento entre el cristianismo y el politeísmo de Roma, el vino mantiene su carácter de elemento relacionado con la divinidad, pero cambia sustancialmente su concepción mística. En las religiones antiguas, hedonistas y antropomorfas, el vino simboliza la unión de lo terrestre y lo espiritual, en un plano similar al que se atribuye al sexo, con el que está íntimamente relacionado en celebraciones como las bacanales o la idea tántrica de "los cinco esenciales": cereales (simbolizan el reino vegetal), carne (el reino animal), pescado (el reino acuático), vino (el ámbito sensorial) y unión sexual (el reino de lo espiritual).

Esos cinco elementos conviven en un ritual que tiene mucho en común con las bacanales, en las que se manejan conceptos como "la borrachera sagrada" o "el sexo sagrado". Las religiones del Libro (judaísmo, cristianismo e islamismo) repudian y combaten, con éxito, como es público y notorio, esa filosofía sensorial y se especializan en lo espiritual y en la represión de las inclinaciones hedonistas.

Conciben el paso por la tierra, el "valle de lágrimas", como una especie de prueba iniciática para conseguir la dicha en una vida futura. El sexo se convierte en pecado (hasta el punto de que el dios de los cristianos es concebido sin intervención del sexo) y el vino pierde el carácter de vehículo de unión entre lo terrenal y lo espiritual y, para una parte de los cristianos, los católicos, adquiere el nivel máximo de bebida sagrada y pasa a ser nada menos que parte de la divinidad, la sangre de Cristo, aunque sigue siendo accesible al humano.
  • Hay que decir que esa separación del vino de su vínculo con el placer terrenal fue progresiva;
  • En las primeras fases del cristianismo mantiene su carácter sensorial, continuación, como tantas otras cosas en esa nueva religión, de las prácticas paganas imperantes;
El episodio de las bodas de Caná, en las que se pone en evidencia la relación estrecha del vino con los placeres de la carne, revela también que, tal como se sospecha, el fundador del cristianismo era mucho menos asceta de lo que fueron sus seguidores y de lo que difunde la doctrina oficial.
  • En la tercera religión del Libro, el islam, el vino escapa del alcance humano; está prohibido, como todo lo que afecta al cerebro (narcóticos), y, sin embargo, forma parte del premio que el Corán reserva a sus fieles: "He aquí el cuadro del Paraíso que ha sido prometido a los hombres piadosos: arroyos cuya agua no se malea nunca, arroyos de leche cuyo gusto no se alterará jamás, arroyos de vino, delicia de los que lo beban, arroyos de miel pura, de toda clase de frutos y del perdón de los pecados", amén de la tantas veces prometida presencia de las huríes;
La prohibición coránica no ha sido monolítica a lo largo de la historia. Abundan las referencias, sobre todo en Al-Andalus a través de los poetas cordobeses, del consumo de vino entre los musulmanes. Pero ese consumo no es únicamente una trasgresión pecaminosa más o menos disimulada (en algunas etapas el vino es denominado eufemísticamente "jarabe", tal vez por tratarse de vinos dulces del estilo de los pedroximénez actuales).
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  • Los sufistas, cuya filosofía concibe el mundo como una emanación de Dios, consideran al vino como un símbolo de la gracia divina y heredan una idea que tiene gran relieve en el cristianismo, aunque es mucho más antigua, la del vino como sangre divina: para griegos y romanos es la sangre de Dionisos/Baco;
Dogma de fe El vino aparece en los primeros pasos de la mitología de las religiones del Libro con un papel cargado de simbolismo. Adán y Eva se cubren con una hoja de parra cuando son expulsados del Paraíso y, según la Mishna hebrea, el árbol de la ciencia, del bien y del mal que provocó el desastre sería una viña y no un manzano.
Ese concepto tiene continuación en la interpretación cabalística del mito de Noé, un personaje, por cierto, que existe también en las tradiciones del Asia Central; según los cabalistas el mito de Noé es una alegoría del conocimiento y la borrachera simboliza el acceso al conocimiento.
Sin embargo, el episodio donde el vino adquiere todo su peso iniciático y en el que adquiere su dimensión mística cristiana es en el de la última cena, el ofrecimiento simbólico del pan y el vino, convertidos en carne y sangre de Cristo, es decir, del mismo Dios.
  • Es una carga esotérica que se proyecta a la epopeya legendaria de la búsqueda del Grial, que es precisamente la copa utilizada por Jesús en la última cena, e interviene en la investigación alquimista de la piedra filosofal con algunos efectos colaterales: en la búsqueda del espíritu del vino se llega a los espirituosos, aprovechando el arte de la destilación, desarrollado por los árabes;
La última cena se reproduce simbólicamente en la ceremonia más importante del rito católico, la misa. No obstante, en los primeros siglos del cristianismo el ágape era real y se conmemoraba la última cena con un auténtico banquete, más o menos pródigo. Tal vez hubo más de un exceso de aire un tanto báquico y en 363 el Concilio de Laodicea prohibió tales ágapes, que quedaron en un mero símbolo: la hostia (palabra que tiene su raíz en el latín hostis, sacrificio) y el vino.
  1. Por cierto que el vino quedó reservado a los oficiantes, de forma que los sacerdotes fueron los únicos que tenían acceso a la sangre (el vino) mientras que los fieles se conformaban con la carne (la hostia), tal como se celebra en la actualidad;
En la misa, los fieles entran en contacto directo con la divinidad y reproducen la ofrenda iniciática del pan y el vino, transformados milagrosamente en la carne y la sangre del fundador del cristianismo. Esa ceremonia, y concretamente la transformación del vino en sangre y el pan en carne, fue el origen de duras controversias, hasta el punto de provocar uno de los más sangrientos cismas de la cristiandad.
  • El Concilio de Trento estableció en el siglo XVI el dogma de fe de la "transubstanciación", es decir el cambio milagroso de la propia sustancia del pan y del vino consagrados, que se convierten durante la Eucaristía en carne y sangre divinas;
La transubstanciación es para los cristianos católicos una conversión real y no simbólica, como mantenía el suizo Zwinglio, o ideal o virtual, tal como mantenía el francés Calvino, dos de los más destacados herejes de la cristiandad. Su calificación como dogma de fe significa que los católicos han de creer en el principio de la transubstanciación al margen de lo que les digan sus sentidos.

Es decir, el vino de misa tiene aspecto de vino, huele a vino (más o menos) y sabe como el vino, pero es sangre. Y la hostia, igual. Un vino puro Con ese importante destino, el vino de consagrar no puede ser un vino cualquiera.

Ha de ser un vino puro y natural obtenido de uvas ("vinum debet esse naturale de genimine vitis et not corruptum", dice el Canon 924), según los criterios establecidos por la jerarquía católica, que ha regulado minuciosamente los procesos de elaboración del pan y el vino de consagrar a través del Canon 815 del Código de Derecho Canónico, que data de 1917.

El vino de misa, ese oscuro objeto del deseo de todo monaguillo que se precie, tiene tras sí todo un complejo entramado de normas para su elaboración, definida y controlada nada menos que por el organismo eclesiástico heredero de la Inquisición.

No en vano, la ausencia de cualquiera de las tres características esenciales, natural, puro y de uva, invalida la ceremonia de la misa. El vino de misa ha de estar elaborado exclusivamente con uvas y tiene que haber fermentación. La norma no admite el mosto ni los vinos desalcoholizados.

Se acepta el vino de pasas pero no el de uvas agraces y en su elaboración y conservación no deben intervenir prácticas ni productos que alteren la naturaleza del vino o su composición. En la fermentación, que ha de ser "natural", se admite el uso de levaduras cultivadas pero no el de las modernas levaduras seleccionadas.

Se prohíbe la adición de productos enológicos habituales, como yeso, azúcar, colorantes o decolorantes, taninos y clarificantes, con la excepción de clara de huevo, papel puro, sílice y asbesto. La jerarquía no considera aptos los vinos alterados o picados, pero está también prohibido el sulfitado de los vinos, aunque se admite la desinfección con sulfuroso de los depósitos y barricas, así como de los mostos.

Para la conservación del vino se autoriza la pasteurización, la concentración por frío, por vacío o por calor (calor moderado y aplicado por "baño maría", no por fuego directo; no se autoriza la adición de alcohol, salvo en el caso de que haya riesgo de que el vino se corrompa.

La adición de agua se autoriza únicamente en el momento de la Eucaristía y sólo por considerar que reproduce la práctica habitual hace dos mil años de "bautizar" ligeramente los vinos. El resultado final es un vino blanco y dulce, con 100 a 150 gramos de azúcar por litro, y la verdad es que no demasiado atractivo según los parámetros actuales ya que la prohibición de adiciones y prácticas enológicas dejan al vino desprotegido ante los agentes externos, sobre todo ante la oxidación.
Catar los vinos de misa deja bastante en entredicho su imagen legendaria y sólo su carácter dulce (y seguramente también la faceta "espiritual" de las bebidas alcohólicas) puede justificar la no menos mítica atracción que ha ejercido sobre novicios y monaguillos.
Fecha publicación:Diciembre de 2004 Medio: Restauradores.

¿Cuál es la enseñanza de la Última Cena?

Esta noche santa, Cristo nos deja su Cuerpo y su Sangre. Revivamos este gran don y comprometámonos a servir a nuestros hermanos. Jesús en este pasaje del Evangelio nos enseña a servir con humildad y de corazón a los demás. Este es el mejor camino para seguir a Jesús y para demostrarle nuestra fe en Él.

¿Qué significado tiene la última cena?

El Jueves Santo es el día en que se conmemora la llamada Última Cena, en la que Jesús tomó alimentos por última vez con los 12 apóstoles, antes de ser aprehendido y crucificado. La última cena es un acto trascendental no sólo en términos religiosos judeocristianos, sino también en términos simbólicos de la trascendencia de la relación entre los alimentos, la incorporación de los alimentos y la sociabilidad alrededor de compartir la comida.

Para los creyentes católicos, la última cena marca la institución de la Eucaristía como símbolo de comunión entre los cristianos y Cristo. En términos sociológicos, la Última Cena tiene diferentes simbolismos que ilustran nuestra relación con la comida y la sociabilidad alimentaria.

Para los creyentes, a partir del pan y vino, las personas que lo comen, "incorporan" también a Jesús. El principio de incorporación es una de las invariantes del comensal humano. Según el sociólogo Claude Fischler, el principio de incorporación se resume en la frase "Somos lo que comemos".
Aunque esta frase es comúnmente utilizada en términos biológicos acerca del valor nutricional de los alimentos, lo cierto es que su significado filosófico va más allá de los atributos biológicos de los alimentos.
El somos lo que comemos, incorpora también símbolos, identidades, significados y creencias. En este sentido, la Eucaristía de la Última Cena, a través del simbolismo de "comer y beber la carne y la sangre de Cristo", ilustra cómo nuestra relación con el principio de incorporación trasciende las propiedades nutricionales.
  • Además, es significativo que la Última Cena de un personaje de importancia histórica como Jesús, transcurre en compañía de sus apóstoles, los más allegados a él;
  • Bien podría Jesús simplemente haber elegido no comer del estrés de saber que iba a ser aprehendido, o por el contrario, tomar sus alimentos de manera aislada sin que esto trascendiera;
En los evangelios que describen la Última Cena, se hace hincapié en este hecho, pues en compartir los alimentos radica el símbolo de la unión que desde ese momento establecen los apóstoles con Jesús. Los banquetes comunitarios entre los judíos de la época de Jesús, eran actos ya investidos de importancia en la sociedad.

La Última Cena se volvió objeto de culto iconográfico a partir de la representación de Da Vinci, que todos sabemos, obedece a los cánones estéticos europeos de la época, y no a un retrato histórico fidedigno de la apariencia de Jesús y sus apóstoles.

Sin embargo, en esta obra icónica de altísimo valor artístico, se retratan también el poder de las interacciones sociales al momento de comer, poniendo especial énfasis, por ejemplo, en la auto exclusión que Judas el traidor hace de sí mismo en torno a la mesa.
  • La Última Cena representa también, en cierto modo, nuestra relación con el mundo terrenal por medio de la comida;
  • La última cena de los condenados a muerte es una de las interrogantes de los análisis de prisioneros condenados a muerte en Estados Unidos;
¿Qué comerías si supieras que hoy es tu última cena?, es al final, un sinónimo de saber cómo sería tu despedida del mundo terrenal a partir la relación que estableces con las comidas de tu preferencia, por razones diferentes. Independientemente de las creencias de lo que suceda después de la muerte, la última cena marca la última oportunidad de relacionarse con el mundo de lo terrenal a partir de la incorporación de un alimento de disfrute.