Que Se Celebra La Ultima Cena?

Que Se Celebra La Ultima Cena
Testigos de Jehová [ editar ] – Los Testigos de Jehová celebran el aniversario de “la cena del Señor” o la “última cena” exclusivamente el día que corresponda al 14 de Nisán en el calendario judío , fecha en que lo hizo Jesús luego de celebrar la pascua judía.

[ 63 ] ​ Esta reunión es conocida como Conmemoración de la muerte de Cristo. A diferencia de otros grupos religiosos, los Testigos de Jehová no realizan actividades ni procesiones durante varios días de la semana y simplemente se recuerda la muerte de Jesús.

[ 64 ] ​ Para los miembros de esta organización religiosa, esta es la reunión más importante del año. [ 65 ] ​ Durante la ocasión, se presenta un discurso tras lo cual se comienza la “celebración” al pasar entren los presentes los emblemas, pan ácimo (sin levadura) y vino tinto natural o sin aditivos.

[ 66 ] ​ Usualmente, quienes son considerados como parte de ” los ungidos ” (o elegidos para ir al cielo) son los únicos que participan de comer del pan y beber del vino. [ 67 ] ​ El resto de los presentes, llamados las «otras ovejas» (con esperanza de vivir en la tierra), solo son observadores.

[ 68 ] ​.

¿Qué se celebra la última cena?

Hacia finales de marzo, millones de personas de todo el mundo han celebrado la fiesta de la pascua. Para los judíos y los cristianos se trata de la fiesta religiosa más importante de su calendario litúrgico ya que configura la vida misma de la fe. En el Antiguo Testamento tenemos los antecedentes más remotos de la pascua judía que tantas veces celebró el mismo Jesús, mientras que en el Nuevo Testamento está el testimonio de la “nueva” pascua instaurada por el Señor.

Veamos los aspectos centrales de esta importante fiesta en los ámbitos propios del judaísmo y del cristianismo primitivo. La pascua judía Originalmente la pascua (pésaj) en el antiguo Israel era una fiesta agrícola (o pastoril) que ya existía en época cananea, celebrada el día 14 del primer mes del año (‘Abib antes del destierro babilónico y Nisán después del destierro) y que pone fin al tiempo del desierto al comer los frutos de la tierra y ya no el maná bajado del cielo.

Así lo narra el libro de Josué (Jos 5,10-11). Posteriormente, se vincula esta fiesta con la cena del cordero y con la comida de los panes ázimos, estableciéndose -estas dos fiestas juntas- como conmemoración del acontecimiento salvífico del paso por el mar rojo, cuando Dios libera al pueblo de Israel de la esclavitud egipcia y lo conduce al desierto del Sinaí.

En los libros del Éxodo, Números y Deuteronomio tenemos las primeras alusiones a la fiesta (Ex 12; Nm 9; Dt 16,1-8). En la época de la monarquía  hay registros de la celebración de la fiesta realizada por Salomón (1R 9,25; 2Cr 8,13) y en tiempo de la reforma de Josías se comienza a transformar en fiesta de peregrinación en Jerusalén (2R 23,21-23).

El judaísmo rabínico llegó a establecer normas muy precisas para la celebración de la pascua en el templo de Jerusalén, enfatizando el sacrificio. Así lo expresa un texto llamado la Misná: “El cordero pascual era sacrificado por tres grupos, como está escrito: lo inmolará toda asamblea de la congregación de Israel: asamblea, congregación, Israel.

Cuando entraba el primer grupo, se llenaba el atrio. Cuando se cerraban las puertas del atrio, tocaban el sofar, luego la trompeta clamorosamente y luego de nuevo el sofar. Los sacerdotes estaban en pie formando dos filas y teniendo en sus manos vasos de plata y de oro.

Una fila tenía todos los vasos de plata y la otra todos de oro. No estaban mezclados. Los vasos no disponían de base a fin de que no los pudieran posar y se coagulara la sangre. Un israelita lo inmolaba, el sacerdote recibía (la sangre) y la entregaba a su compañero y éste al suyo, recibía el (vaso) lleno y devolvía el vacío.

El sacerdote que estaba más cercano al altar la vertía de una vez sobre las brasas (del altar)”(Misná Pesahim 5,5-6). Todo este rito de sangre era parte del sacrificio del cordero realizado por la familia en el templo junto a los sacerdotes.

La segunda parte de la celebración se realizaba en las casas mediante una cena íntima en la que se comía el cordero sacrificado, los panes ázimos, las hierbas amargas y cuatro copas de vino. Cada elemento de la cena tenía un significado específico que hacía memoria del gran acontecimiento liberador del éxodo.

  1. Este significado salvífico de la pascua estará siempre presente en el judaísmo, como bien lo indica otro texto rabínico llamado el Tárgum: “Esta es la noche de la pascua para el nombre de YHWH, noche reservada y fijada para la liberación de todo Israel a lo largo de sus generaciones” (Targum de Éxodo 12, 41-42) La pascua cristiana La fiesta principal de los cristianos es la pascua en la que se celebra el gran acontecimiento de la resurrección de Jesús, el Señor;

Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas (Mt 26,26-29; Mc 14,22-25; Lc 22,19-20) nos relatan la “última cena” celebrada por Jesús junto a sus discípulos como una cena de pascua. Está presente el pan ázimo, dos copas de vino (en Lc) y unas bendiciones pero el significado nuevo dado por Jesús a la comida es el anuncio de su propia muerte, ya no se conmemorará la salida de Egipto, sino la muerte del Señor como sacrificio pascual.

La idea del sacrificio pascual la desarrollará más el evangelio de Juan al mostrar a Jesús como “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29). El cuarto evangelio hace coincidir la muerte de Jesús con el sacrificio de los corderos pascuales.

Así en Jn 19,14 al momento de su sentencia a muerte y luego en Jn 19,36 aplicando a Jesús lo prescrito sobre los corderos en las leyes de Ex 12,46 y Nm 9,12. Es decir, Jesús muere al mismo tiempo en que las familias judías acudían al templo a sacrificar a los corderos para celebrar la pascua.

Esta teología del cordero pascual del cuarto evangelio marcará profundamente el cristianismo primitivo y san Pablo en su primera carta a los Corintios la desarrollará diciendo: “eliminad la levadura vieja, para que seáis masa nueva ya que sois ázimos, porque nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido sacrificado.

De manera que celebramos la Pascua no con levadura vieja, ni con levadura de perversidad y maldad, sino con ázimos de pureza y verdad” (1Co 5,7-8). Así mismo la primera carta de Pedro exhorta diciendo: “Sabiendo que habéis sido liberados de la conducta estéril heredada por tradición, no con cosas corruptibles -oro o plata- sino con la sangre preciosa de  Cristo, como cordero sin defecto ni mancha” (1P 1,18-19).

Tanto la carta primera a los Corintios como la primera carta de Pedro insisten en la importancia del sacrificio redentor de Jesús. Su muerte dada gratuitamente para todo el mundo tiene un valor expiatorio superior a todos los sacrificios y leyes del antiguo Israel.

Para concluir pensemos que esta pascua que nos regala el Señor es un momento muy importante para la Iglesia al tener un nuevo Papa. Como una manera de reflexionar la importancia del acontecimiento pascual válido para nuestro tiempo actual, guardemos estas primeras palabras del santo Padre, llenas de sabiduría, que ponen el acento en los aspectos centrales de la pascua cristiana, a saber, la entrega de Jesús por amor, la eucaristía como fuente de unión con él y la alegría de la resurrección como acontecimiento del presente y no del pasado: “Vivir la Semana Santa es entrar cada vez más en la lógica de Dios, en la lógica de la Cruz, que no es en primer lugar la del dolor y la muerte, sino la del amor y la de la entrega de sí mismo que da vida” (Francisco, Audiencia general del 27 de marzo de 2013).

“En la Última Cena, con sus amigos, comparte el pan y distribuye el cáliz «para nosotros». El Hijo de Dios se ofrece a nosotros, ofrece en nuestras manos su Cuerpo y su Sangre para estar siempre con nosotros, para habitar entre nosotros”.

(Francisco, Audiencia general del 27 de marzo de 2013) “Lo que era un simple gesto, algo hecho ciertamente por amor – el ir al sepulcro -, ahora se transforma en acontecimiento, en un evento que cambia verdaderamente la vida. Ya nada es como antes, no sólo en la vida de aquellas mujeres, sino también en nuestra vida y en nuestra historia de la humanidad. Pablo Uribe Ulloa Académico Instituto de Teología Universidad Católica de la Santísima Concepción.

¿Cuál es el significado de la Santa Cena?

Cristo instituyó la Santa Cena –

  • ¿Qué enseñan los emblemas de la Santa Cena en cuanto a la expiación de Jesucristo?

Nuestro Salvador desea que recordemos Su gran sacrificio expiatorio y que guardemos Sus mandamientos; para ayudarnos a lograrlo, nos ha mandado que nos reunamos con frecuencia y participemos de la Santa Cena. La Santa Cena es una ordenanza del santo sacerdocio que nos recuerda la expiación del Salvador. Durante la Santa Cena, participamos del pan y del agua y lo hacemos en memoria de Su carne y de Su sangre, las que Él ofreció como sacrificio por nosotros. Al participar de la Santa Cena, renovamos convenios sagrados que hemos hecho con nuestro Padre Celestial.

Poco antes de Su crucifixión, Jesucristo reunió a Sus apóstoles en un aposento alto. Él sabía que muy pronto moriría en la cruz y que esa sería la última vez que se reuniría con Sus amados apóstoles antes de Su muerte.

Él deseaba que lo recordaran siempre para que pudieran fortalecerse y mantenerse fieles. Con el fin de que lo recordaran, instituyó la Santa Cena. Partió el pan en pedazos y lo bendijo. Luego dijo: “…Tomad, comed; esto es en memoria de mi cuerpo, el cual doy en rescate por vosotros” (Traducción de José Smith, Mateo 26:22).

Enseguida tomó una copa de vino, la bendijo, se la dio a los apóstoles para que bebieran, y dijo: “…esto es en memoria de mi sangre… que es derramada por cuantos crean en mi nombre, para remisión de sus pecados” (Traducción de José Smith, Mateo 26:24; véase también Mateo 26:26–28 ; Marcos 14:22–24 ; Lucas 22:15–20 ).

Después de Su resurrección, el Salvador visitó el continente americano y enseñó a los nefitas las mismas ordenanzas (véase 3 Nefi 18:1–11 ; 20:1–9 ). Después de que la Iglesia se restauró en los últimos días, Jesús nuevamente mandó a Su pueblo que participara de la Santa Cena en memoria de Él, diciéndoles: “Conviene que la iglesia se reúna a menudo para tomar el pan y el vino en memoria del Señor Jesús” ( D.

¿Cuál es el propósito de la cena del Señor?

Información adicional – Cuando instituyó la Santa Cena, Jesucristo dijo: “Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. Esta copa es el nuevo convenio en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:19–20). La Santa Cena ofrece a los miembros de la Iglesia la oportunidad de meditar y recordar con gratitud la vida, el ministerio y la expiación del Hijo de Dios.

El pan partido es un recordatorio de Su cuerpo y Su sufrimiento físico, en particular Su sufrimiento en la cruz. Es también un recordatorio de que por medio de Su misericordia y gracia, todas las personas resucitarán y tendrán la oportunidad de vivir eternamente con Dios.

El agua es un recordatorio de que el Salvador derramó Su sangre debido a un intenso sufrimiento y angustia espirituales que comenzaron en el Jardín de Getsemaní y concluyeron en la cruz. En el jardín, Él dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38).

  • Al someterse a la voluntad del Padre, Él sufrió más de lo que nos es posible comprender: “La sangre le [brotó] de cada poro, tan grande [fue] su angustia por la iniquidad y abominaciones de su pueblo” (Mosíah 3:7);

Él sufrió por los pecados, los pesares y los dolores de todas las personas, para hacer posible la remisión de los pecados de los que se arrepientan y vivan el Evangelio (2 Nefi 9:21–23). Por medio del derramamiento de Su sangre, Jesucristo salvó a toda la gente de lo que las Escrituras llaman la “transgresión original” de Adán (Moisés 6:54).

  1. El participar de la Santa Cena es un testimonio ante Dios de que el recuerdo de Su Hijo se extenderá más allá del corto tiempo que dura esa sagrada ordenanza;
  2. El prometer recordarle siempre y testificar estar dispuesto a tomar sobre uno mismo el nombre de Jesucristo y guardar Sus mandamientos forman parte de esta ordenanza;

Al participar de la Santa Cena y hacer estos compromisos, los miembros de la Iglesia renuevan los convenios que hicieron al bautizarse (véase Mosíah 18:8–10; D. y C. 20:37). A cambio, el Señor renueva la promesa de redimir los pecados y permitir que los miembros de la Iglesia “siempre puedan tener su Espíritu consigo” (D.

  • y C;
  • 20:77);
  • La compañía constante del Espíritu es uno de los mayores dones de la vida terrenal;
  • En preparación para la Santa Cena, todas las semanas, los miembros de la Iglesia dedican un tiempo para examinar sus propias vidas y arrepentirse de sus pecados;
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No tienen que ser perfectos para participar de la Santa Cena, pero deben tener un espíritu de humildad y arrepentimiento en sus corazones. Todas las semanas dan lo mejor de sí para prepararse para esa sagrada ordenanza con un corazón quebrantado y un espíritu contrito (véase 3 Nefi 9:20).

¿Por qué Jesús celebra la Pascua?

La Pascua cristiana – Fuente de la imagen, AFP Pie de foto, Las representaciones del calvario de Cristo cargando la cruz se repiten en varios puntos del planeta. Esta recreación es del jueves santo en Medellín, Colombia. Para los cristianos, la Pascua también es la fiesta más importante de todo el año ya que en ella se celebra el paso de Jesús de la muerte a la vida.

¿Cuál es el significado y la importancia de la Última Cena?

El Jueves Santo es el día en que se conmemora la llamada Última Cena, en la que Jesús tomó alimentos por última vez con los 12 apóstoles, antes de ser aprehendido y crucificado. La última cena es un acto trascendental no sólo en términos religiosos judeocristianos, sino también en términos simbólicos de la trascendencia de la relación entre los alimentos, la incorporación de los alimentos y la sociabilidad alrededor de compartir la comida.

Para los creyentes católicos, la última cena marca la institución de la Eucaristía como símbolo de comunión entre los cristianos y Cristo. En términos sociológicos, la Última Cena tiene diferentes simbolismos que ilustran nuestra relación con la comida y la sociabilidad alimentaria.

Para los creyentes, a partir del pan y vino, las personas que lo comen, “incorporan” también a Jesús. El principio de incorporación es una de las invariantes del comensal humano. Según el sociólogo Claude Fischler, el principio de incorporación se resume en la frase “Somos lo que comemos”.

  1. Aunque esta frase es comúnmente utilizada en términos biológicos acerca del valor nutricional de los alimentos, lo cierto es que su significado filosófico va más allá de los atributos biológicos de los alimentos;

El somos lo que comemos, incorpora también símbolos, identidades, significados y creencias. En este sentido, la Eucaristía de la Última Cena, a través del simbolismo de “comer y beber la carne y la sangre de Cristo”, ilustra cómo nuestra relación con el principio de incorporación trasciende las propiedades nutricionales.

Además, es significativo que la Última Cena de un personaje de importancia histórica como Jesús, transcurre en compañía de sus apóstoles, los más allegados a él. Bien podría Jesús simplemente haber elegido no comer del estrés de saber que iba a ser aprehendido, o por el contrario, tomar sus alimentos de manera aislada sin que esto trascendiera.

En los evangelios que describen la Última Cena, se hace hincapié en este hecho, pues en compartir los alimentos radica el símbolo de la unión que desde ese momento establecen los apóstoles con Jesús. Los banquetes comunitarios entre los judíos de la época de Jesús, eran actos ya investidos de importancia en la sociedad.

La Última Cena se volvió objeto de culto iconográfico a partir de la representación de Da Vinci, que todos sabemos, obedece a los cánones estéticos europeos de la época, y no a un retrato histórico fidedigno de la apariencia de Jesús y sus apóstoles.

Sin embargo, en esta obra icónica de altísimo valor artístico, se retratan también el poder de las interacciones sociales al momento de comer, poniendo especial énfasis, por ejemplo, en la auto exclusión que Judas el traidor hace de sí mismo en torno a la mesa.

La Última Cena representa también, en cierto modo, nuestra relación con el mundo terrenal por medio de la comida. La última cena de los condenados a muerte es una de las interrogantes de los análisis de prisioneros condenados a muerte en Estados Unidos.

¿Qué comerías si supieras que hoy es tu última cena?, es al final, un sinónimo de saber cómo sería tu despedida del mundo terrenal a partir la relación que estableces con las comidas de tu preferencia, por razones diferentes. Independientemente de las creencias de lo que suceda después de la muerte, la última cena marca la última oportunidad de relacionarse con el mundo de lo terrenal a partir de la incorporación de un alimento de disfrute.

¿Qué hizo Jesús en la Última Cena y por qué?

Los alimentos que estuvieron sobre la mesa en la que se instituyó la Eucaristía formaban parte de la tradición judía – 28/03/2013 Actualizado a las 16:08h. En la Última Cena de Jesús con sus discípulos pan y vino se transustanciaron en cuerpo y sangre de Cristo, instituyéndose así la Eucaristía, sacramento fundamental de la Iglesia Católica.

Pero sobre aquella mesa hubo aquel jueves más alimentos, todos parte de la tradición hebrea. La reunión, que supuso el comienzo de la Pasión y Muerte de Cristo, se celebró, según los Evangelios sinópticos -los de Mateo, Marcos y Lucas-, al atardecer del «primer día de los ácimos», esto es, el primero de la semana en que debía comerse pan hecho sin levadura en la masa o ácimo.

En el Pésaj o Pascua judía , que es la fiesta más importante de la tradición hebrea, este pueblo recuerda su salida y liberación de Egipto, y el pan que se emplea en ella es ácimo porque en la huida los israelitas no tuvieron tiempo de hacerlo con levadura.

«Delante de Jesús había una fuente con hierba y otra con una salsa parduzca» De hecho, la hostia que emplea la Iglesia Católica en la celebración de la Eucaristía es pan ácimo de harina de trigo, y tiene origen en la «matzá» que emplean los judíos en la celebración del Pésaj.

Junto con el pan, en aquella mesa hubo vino, «producto de la vid», en palabras de Cristo ( Mateo 26:29 ), que pasó a ser su propia sangre, «la de la Alianza, que va a ser derramada por todos, para perdón de los pecados» (Mateo 26:28). Sin lugar a dudas, la del vino era una imagen de mucha importancia entonces: «Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador.

  • Todo sarmiento mío que no da fruto lo corta; y todo el que da fruto lo poda, para que dé más todavía», dijo Jesucristo a sus discípulos ( Juan 15:1 y 2 );
  • Otro de los alimentos presentes fue el cordero pascual;

De hecho, la Cena de Pascua de ese «primer día de los ácimos» consistía en comer este animal recién sacrificado de acuerdo con los ritos propios de esta festividad judía. No se debe olvidar que, tal y como refleja la Santa Biblia, en la Palestina de entonces el pastoreo y consumo de cordero estaba muy extendido.

Además, este animal se ha convertido en uno de los símbolos más populares del cristianismo. Después de la Cena, Jesucristo, «Cordero de Dios», iba a ser igualmente inmolado para salvación de la humanidad entera.

Con todo, uno de los testimonios que acerca de los alimentos presentes en la Última Cena aporta más detalles es el de Catalina de Emmerich, monja agustina que a comienzos del siglo XIX experimentó una serie de visiones sobre la Pasión y Muerte de Jesús.

La editorial Voz de Papel recoge en «La amarga Pasión de Cristo», la descripción que de estas visiones realizó en 1823 el poeta alemán Clemente Brentano. «En medio de la mesa estaba la fuente con el cordero pascual.

[…] El borde de la fuente tenía ajos todo alrededor. A su lado había un plato con el asado de Pascua y al lado un plato de hierbas verdes, apretadas, puestas de pie como si estuvieran plantadas, y otro con manojitos de hierbas amargas que parecían hierbas aromáticas; luego, delante de Jesús, había una fuente con hierba verdeamarillenta, y otra con una salsa parduzca.

Los comensales usaban como platos unos panecillos redondos, y utilizaban cuchillos de hueso», confesó la religiosa al poeta. Emmerich, beatificada por Juan Pablo II en 2004, también afirmó haber visto a Jesús mojando en la salsa un trozo de pan envuelto en lechuga.

Sobre la mesa en la que se celebró la Última Cena también pudo haber sal, un importante conservante de alimentos en aquellos tiempos. Una creencia popular dice que el traidor Judas Iscariote derramó sal durante la Cena, y aunque tan sólo se trata de eso, de una creencia popular, lo cierto es que algunas importantes obras de arte, como el conocido cuadro de Leonardo da Vinci, la recogen.

¿Cuál es el origen de la Santa Cena?

Home » El origen de la Santa Cena Que Se Celebra La Ultima Cena “El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua? Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos. Y los discípulos hicieron como Jesús le mandó, y prepararon la pascua” (Mateo 26:17-19). Este relato nos muestra claramente que los discípulos del Señor no tenían idea de la Santa Cena, y que lo que esperaban era participar de la pascua, porque aquel día estaba separado, en el calendario judío para conmemorar la fiesta de los panes ázimos o pascua.

La pascua para los judíos significa “fiesta”. Es el día en que se conmemora la liberación del pueblo de Israel del yugo egipcio. Fue instituida antes de acontecer la décima y última plaga impuesta por Dios a la tierra de Egipto.

En aquella oportunidad, el Señor ordenó que cada familia tomase un cordero sin defecto, o un cabrito, y lo sacrificase. Su sangre debería ser rociada por los postes y el dintel de la puerta de cada una de las casas, y que deberían comerlo asado, con el acompañamiento de panes ázimos (sin levadura) y hierbas amargas.

Cada participante de aquella pascua debería tener los lomos ceñidos, sandalias en los pies y con el bastón en la mano (véase Éxodo 12). Todo el ritual de la pascua apunta al Salvador Jesucristo. Luego de su participación con sus discípulos, tomó pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a ellos diciendo: “Tomad, comed, esto es mi cuerpo”.

A continuación, tomó la copa y, dando gracias, la dio a sus discípulos diciendo: “Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto que, por muchos, es derramada para remisión de pecados” (Mateo 26:26-28). Sin embargo, debemos notar que el Señor Jesús no hizo ningún paralelo de la pascua con la Santa Cena, porque Él participó primero de la pascua y después de la Cena, lo que nos hace comprender que quiso instituir una nueva liturgia que tuviera el mismo “calor” espiritual de la pascua para todos aquellos que le aceptan como el Salvador. Mensaje substraído de:  En Los Pasos de Jesús  (autor: Obispo Edir Macedo) Si usted tiene una pregunta o le gustaría una orientación:  Contáctenos Si le gustaría añadir su nombre y el de su familia en el libro de oración:  Libro de Oración Regrese a la página principal:  Página Principal

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Lo que nos enseña que ningún cristiano puede vivir para Cristo independientemente sino mantiene una relación permanente con sus hermanos de la fe, ya que como un cuerpo, nos necesitamos los unos a los otros (1 Corintios 10. 1617). EL SIGNIFICADO DEL VINO El vino representa la Sangre del Señor, que fue derramada para perdón de pecados, para darnos vida y paz para con Dios (Hebreos 9.
  1. 22 / Colosenses 1;
  2. 20);
  3. El vino representa la sangre que da vida y la resurrección del Señor venciendo sobre la muerte y el Hades;
  4. Deuteronomio 12;
  5. 23 "Porque la sangre es la vida";
  6. La Biblia muestra que el Señor derramó siete veces de su sangre, cada una de ellas conlleva bendición para nosotros; la sangre derramada en la cruz es del nuevo pacto, que dejó caducado el antiguo pacto hecho con Israel (Marcos 14;
24 / Lucas 22. 20). La sangre del Señor nos limpia de todo pecado (1 Juan 1. 7), nos purifica (Hebreos 9. 13, 22), nos libera (Efesios 1. 7 / Hebreos 9. 12), nos hace aptos para toda buena obra (Hebreos 13. 20-21). 1 Juan 1. 7 "Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo,[m] nos limpia de todo pecado".

La sangre de Jesucristo fue derramada para redención, sin embargo, los israelitas pidieron que la sangre cayera sobre ellos para condenación expresando "Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos" (Mateo 27.

24-25). Es importante indicar que el pan y el vino de la Santa Cena, en ningún momento se transforman en el cuerpo y la sangre del Señor (conocido como Transustanciación), sino que representan o simbolizan su Cuerpo y su Sangre. PASTOR NESTOR M.

¿Qué fue lo que dijo Jesús en la Última Cena?

El discurso después de la cena - La salida de Judas Iscariote parece haber disipado hasta cierto punto la nube de completa tristeza que había abrumado a la pequeña compañía; y el propio Señor se sintió palpablemente aliviado. En cuanto la puerta se hubo cerrado tras el desertor, Jesús exclamó, como si ya hubiera logrado su victoria sobre la muerte: "Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él.
  • " Dirigiéndose a los Once con palabras de cariño paternal, les dijo: "Hijitos, aún estaré con vosotros un poco;
  • Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir;
Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. " a La ley de Moisés decretaba que hubiese amor mutuo entre amigos y vecinos; b pero en el nuevo mandamiento, por el cual habían de regirse los apóstoles, se incorporaba un amor superior.

Debían amarse los unos a los otros como Cristo los amaba; y este cariño fraternal habría de ser uno de los rasgos característicos de su apostolado, por medio del cual el mundo los reconocería como hombres que habían sido apartados.

Las palabras del Señor referentes a su inminente separación de ellos afligió a los hermanos. Pedro le hizo la pregunta: "Señor, ¿a dónde vas?" Jesús le respondió: "A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti.

" Pedro parece haber comprendido que su Maestro se dirigía a su muerte; y sin embargo, afirmó su disposición, sin amedrentarse, de andar aun por esa tenebrosa vía, más bien que separarse de su Señor. No podemos dudar la sinceridad del propósito de Pedro ni la determinación de su deseo en ese momento.

En su intrépida declaración, sin embargo, había contado únicamente con la voluntad de su espíritu, y no había considerado en forma completa la debilidad de su carne. Jesús, que conocía a Pedro mejor que éste se conocía a sí mismo, tiernamente reprobó su desmedida confianza en sí mismo, y le dijo: "Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.
  • " El principal de los apóstoles, el hombre de piedra todavía tenía que ser convertido, o como más precisamente lo dice la Escritura "vuelto"; c porque tal como el Señor lo previó, Pedro iba a ser vencido en breve, aun al grado de negar que conocía a Cristo;
Cuando aquél firmemente declaró su disposición de seguir a Jesús hasta la cárcel o la muerte, el Señor lo hizo callar, diciéndole: "Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces. " Era necesario preparar a los apóstoles para hacer frente a un nuevo régimen, nuevas condiciones y nuevas exigencias; los esperaban persecuciones, y en breve iban a ser privados de la presencia alentadora del Maestro.
  1. Jesús les preguntó: "Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada;
  2. Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una;
Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y fue contado con los inicuos; porque lo que está escrito de mí, tiene cumplimiento. " De acuerdo con esta profecía, Jesús pronto iba a ser contado con los transgresores, d y sus discípulos serían conocidos como partidarios de un criminal ejecutado.
Al oír hablar de bolsa, alforja, zapatos y espada, algunos de los hermanos lo tomaron en forma literal, y declararon: "Señor, aquí hay dos espadas. " Con abrupta finalidad Jesús respondió: "Basta. " Ninguna necesidad inmediata de armas les había indicado, y ciertamente no las necesitaba para su propia defensa.
Una vez más les había sido imposible sondar su significado, pero más tarde aprenderían por medio de la experiencia. e Unicamente Juan, de todos los escritores evangélicos, nos proporciona la información que tenemos concerniente al último discurso que Jesús comunicó a los apóstoles antes de su crucifixión; y aconsejaríamos que todo lector estudiara cuidadosamente los tres capítulos en que se preservan estas sublimes palabras para el alumbramiento del género humano.

f Notando la tristeza de los Once, el Maestro les dijo que se animaran, que fundaran su aliento y esperanza en la fe en El. "No se turbe vuestro corazón—les dijo—creéis en Dios, creed también en mí. " Entonces, como si estuviera descorriendo el velo entre lo terrenal y lo celestial, permitiendo que sus fieles siervos vislumbraran las futuras condiciones, continuó: "En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. " g Así fue como en lenguaje sencillo y claro el Señor reveló la existencia de condiciones graduadas en la otra vida, y la variedad de ocupaciones y grados de gloria, lugar y categoría en los mundos eternos.
  • h Había afirmado su propia Divinidad inherente, y por medio de la confianza que manifestaran en El y la obediencia a sus requerimientos, ellos encontrarían la manera de seguirlo al lugar donde iba a precederlos;
Tomás, el amoroso, valiente, aunque algo incrédulo discípulo, deseando información más precisa, optó por preguntar: "Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?" La respuesta de Jesús fue una reafirmación de su Divinidad: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
  • Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto;
  • " Aquí lo interrumpió Felipe con esta solicitud: "Señor, muéstranos el Padre, y nos basta;
  • " Jesús contestó con una sentimental y subentendida reprensión: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?" Lo afligía pensar que sus amigos más íntimos y queridos sobre la tierra, aquellos a quienes había conferido la autoridad del Santo Sacerdocio, todavía no entendieran su unidad absoluta con el Padre, en cuanto a propósitos y hechos;
Si el Padre Eterno hubiera estado entre ellos en Persona, en las condiciones que entonces existían, habría obrado precisamente en la misma forma en que obró el Muy Amado y Unigénito Hijo a quien conocían como Jesús, su Señor y Maestro. El Padre y el Hijo eran uno en corazón y pensamientos en forma tan absoluta, que conocer a uno de ellos significaba conocer a los dos; sin embargo, nadie podía llegar al Padre sino por conducto del Hijo.
  • Al grado en que tuvieran fe en Cristo, y cumplieran su voluntad, los apóstoles podrían realizar las obras que Cristo había efectuado en la carne y cosas mayores aún, porque la misión terrenal del Señor tan sólo duraría unas horas más; y el desenvolvimiento del divino plan de las edades exigiría milagros mayores todavía que los que El había efectuado en el breve período de su ministerio;
Por la primera vez el Señor instruyó a sus apóstoles que oraran en su nombre al Padre, y les aseguró el éxito de sus peticiones justas, con estas palabras: "Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. " i De esa ocasión en adelante el nombre de Jesucristo habría de ser el divinamente establecido talismán mediante el cual se invocarían los poderes del cielo para efectuar toda empresa justa.

Se prometió el Espíritu Santo a los apóstoles, el cual les sería enviado mediante la intercesión del Cristo, para serles "otro Consolador", el Espíritu de Verdad, el cual—no obstante que el mundo lo rechazaría, como había despreciado a Cristo—moraría con los discípulos y estaría en ellos, aun como el Señor entonces moraba en ellos y el Padre en El.

"No os dejaré huérfanos—aseguró Jesús a los hermanos—vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.

" j Siguió luego la promesa de que Cristo, aunque desconocido para el mundo, se manifestaría a los que lo habían amado y guardado sus mandamientos. Judas Tadeo, también conocido como Lebeo, k "no el Iscariote", como el cronista cuidadosamente indica, confuso por este concepto tan contrario a la tradición y al judaismo—de un Mesías que se daría a conocer solamente a unos pocos escogidos y no a Israel en general—se sintió constreñido a preguntar: "Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?" Jesús explicó que únicamente los fieles lograrían el compañerismo del Padre y de El.
  • Nuevamente alentó a los apóstoles con la promesa de que cuando viniera el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviaría en nombre del Hijo, "él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho";
Aquí se manifiesta de nuevo la personalidad distinta de cada uno de los miembros de la Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. l Viendo que los discípulos todavía estaban turbados, Jesús los consoló, diciendo: "La paz os dejo, mi paz os doy"; y para que entendiesen que se refería a algo mayor que el saludo acostumbrado de la época—porque "la paz sea contigo" era el acostumbrado saludo diario entre los judíos—el Señor afirmó que les daría esa bendición en una forma más elevada, y no "como el mundo la da".
  • Aconsejándoles una vez más que dejaran a un lado su tristeza y no tuvieran miedo, Jesús añadió: "Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros;
  • Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre es mayor que yo;
" Claramente manifestó el Señor a sus siervos que les decía esas cosas de antemano a fin de que cuando se efectuaran los acontecimientos predichos, se confirmara la fe de los apóstoles en El, el Cristo. No tenía tiempo para decirles muchas cosas más, porque la siguiente hora presenciaría el comienzo de la lucha suprema.
"Viene el príncipe de este mundo"—les dijo; y añadió con gozo triunfal: "Y él nada tiene en mí. " m Valiéndose de una espléndida alegoría, el Señor ilustró la trascendental relación que existía entre los apóstoles y El, y entre El y el Padre, empleando para ello la figura de un labrador, una vid y sus ramas: n "Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará para que lleve más fruto. " En ninguna de la principal literatura del mundo puede hallarse una analogía más espléndida. Sin el Señor, estos siervos ordenados eran tan impotentes e inservibles como la rama que es cortada del árbol.
  • Así como ésta se torna fructífera sólo en virtud de la savia nutritiva que recibe del tronco enraizado, y si es cortada o desgajada se marchita, se seca y no sirve sino como combustible para ser quemado, en igual manera aquellos hombres, aun cuando tenían la ordenación del Santo Apostolado, sólo mientras permanecieran en constante comunión con el Señor, podrían ser fuertes y abundar en buenas obras;
Sin Cristo, ¿qué eran, sino galileos iletrados, algunos de ellos pescadores, otro publicano, el resto sin particularidad que los distinguiera, y todos ellos débiles mortales? En calidad de pámpanos de la Vid, se hallaban limpios y sanos en esos momentos por motivo de las instrucciones y ordenanzas autoritativas con que habían sido bendecidos, y la obediencia reverente que habían manifestado.
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  • "Permaneced en mí"—fue la vehemente amonestación del Señor, pues de lo contrario sólo se volverían ramas marchitas;
  • "Yo soy la vid—dijo, explicando la alegoría—vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer;
El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis mis discípulos.
  • " De nuevo les declaró que su amor del uno por el otro era el elemento esencial de su amor continuo hacia Cristo;
  • o En ese amor hallarían el gozo;
  • Cristo les había servido de ejemplo de amor justo desde el día en que se conocieron; y estaba a punto de manifestarles la prueba suprema de su cariño, prefigurada en esta afirmación: "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos;
" Y graciosamente aseguró que aquellos hombres eran sus amigos: "Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.

" Esta íntima relación no modificaba en ningún respecto la posición de Cristo como su Señor y Maestro, porque El los había elegido y ordenado; y era su voluntad que viviesen en tal forma, que cuanto pidieran en el nombre de la santa amistad que El reconocía, el Padre se lo concedería.

Nuevamente se hizo referencia a las persecuciones que los esperaban, y a su llamado apostólico en calidad de testigos especiales e individuales del Señor. p Tendrían que reconocer el hecho de que el mundo los odiaba entonces, y los aborrecería con mayor intensidad más adelante; pero debían recordar que el mundo había aborrecido a su Maestro primero y que ellos fueron elegidos y apartados del mundo mediante su ordenación; por tanto, no debían creer que se escaparían del odio del mundo.
  • Como se les había inculcado en forma particular, y ellos entendían como principio general, el siervo no era más que su amo, ni el apóstol más que su Señor;
  • Quienes los aborrecían a ellos odiaban al Cristo; y los que odiaban al Hijo aborrecían al Padre; y grave será la condenación de tales;
Si los inicuos judíos no hubieran cerrado sus ojos y tapado sus oídos a las poderosas obras y palabras llenas de gracia del Mesías, se habrían convencido de la verdad, la cual los habría salvado; pero quedaron sin pretexto o excusa para sus pecados; y Cristo afirmó que con su perversa manera de proceder se habían cumplido las Escrituras, porque lo odiaban sin causa.
  1. q Entonces, refiriéndose de nuevo a la gran y alentadora promesa del apoyo que recibirían cuando viniera el Espíritu Santo, el Señor dijo: "Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí;
Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio. " Jesús les declaraba aquellas cosas, "para que no tengáis tropiezo"; en otras palabras, para que los acontecimientos sin precedente que entonces se cernían sobre ellos, no les cayeran de sorpresa, los desviaran, y los hicieran dudar y caer.

Se previno a los apóstoles que serían perseguidos y expulsados de las sinagogas, y que habría época en que sería tan enconado el odio hacia ellos, y tan espesas las tinieblas satánicas en los pensamientos y espíritu de la gente, que quien llegase a matar a uno de ellos justificaría su nefando crimen diciendo que le había hecho un servicio a Dios.

Percibiendo la tristeza que sentían, porque se iba a alejar de ellos, el Señor nuevamente intentó animarlos, diciendo: "Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuere, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.
  1. " La certeza de que descendería el Espíritu Santo, por medio de quien recibirían la fuerza para hacer frente a toda necesidad y emergencia, fue el tema inspirador de esta parte del discurso del Señor;
  2. El Espíritu Santo les enseñaría muchas cosas que Cristo aún tenía que decir a sus apóstoles, las cuales eran incapaces de entender en ese tiempo;
"Pero cuando venga el Espíritu de verdad—les aseguró Jesús—él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. " r Volviendo al asunto de su partida, tan próxima en esos momentos que sólo era cuestión de horas, el Señor dijo, ampliando un poco lo que previamente había declarado: "Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre.

" s Los apóstoles se pusieron a reflexionar, y algunos de ellos se preguntaron entre sí el significado del Señor, pero era tan profunda la solemnidad de la ocasión que no se atrevieron a inquirir en alta voz. Jesús entendió su perplejidad y graciosamente les explicó que dentro de poco llorarían y se lamentarían mientras el mundo se regocijaría—esto sería por motivo de su muerte—pero les prometió que su tristeza se convertiría en gozo a causa de su resurrección, de la cual ellos serían testigos.
  1. Comparó su entonces presente estado al de la mujer que sufre dolores de parto, la cual con el gozo de haber dado a luz se olvida de su angustia;
  2. Ningún hombre tendría el poder para arrebatarles la felicidad que los esperaba; y de allí en adelante no debían suplicar a Cristo solamente, sino al Padre en el nombre de Cristo;
"En aquel día—dijo el Señor—no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre; os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. " t Iban a ser ascendidos al gran honor y elevada dignidad de poder dirigirse directamente al Padre mediante la oración, pero en el nombre del Hijo; pues el Padre los amaba porque habían amado a Jesús, el Hijo, y lo habían aceptado como el Enviado del Padre.

Una vez más el Señor afirmó solemnemente: "Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo al mundo, y voy al Padre. " Los discípulos se regocijaron al oír esta clara aseveración, y exclamaron: "He aquí ahora hablas claramente, y ninguna alegoría dices.

Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios. " En su satisfacción existía el peligro de una confianza desmedida en sí mismos, y el Señor los amonestó, diciendo que en una hora muy próxima todos serían esparcidos por distintos lados, dejando a Jesús abandonado con sólo la presencia del Padre.
Refiriéndose al mismo asunto, les dijo que no pasaría la noche sin que todos fueran escandalizados de El, porque la Escritura decía: "Heriré al pastor, y las ovejas serán dis-persadas. " u A Pedro, el de las protestas más vehementes, se le había dicho, como ya hemos visto, que esa noche negaría a su Señor tres veces antes que cantara el gallo; sin embargo, todos ellos habían declarado que serían fieles en cualquier circunstancia.
v Afirmando nuevamente la realidad física de su resurrección, Jesús prometió a los apóstoles que después de levantarse de la tumba iría delante de ellos a Galilea. x Para concluir este último discurso, el más solemne de los que pronunció en la carne, el Señor dijo: "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz.

¿Cómo explicar a los niños la última cena?

[ Historias de la Biblia para niños ]   [ Indice de "La Última Cena" ] [in English] por Sharla Guenther El primer día de la Fiesta de los Panes sin Levadura, los discípulos le preguntaron a Jesús; "¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?"  Jesús les contestó: "Vayan a la ciudad y encontrarán a un hombre, díganle que queremos ir a su casa para la Pascua.

" Primero que todo, ¿Qué es la Fiesta de los Panes sin Levadura, y qué es la Pascua?  En realidad son lo mismo. Los judíos celebraban la Pascua desde los tiempos de Moisés, cuando el Señor salvó a todos los bebés israelitas.

Ahí fue cuando el Señor 'pasó por' sus casas, y estuvieron seguros. Esta es otra historia importante que tu profesor o profesora tendrá que contarte en otra ocasión. Que Se Celebra La Ultima CenaDurante el tiempo de las celebraciones de Pascua, la gente no comía ni tenía pan con levadura en sus casas. La levadura es la que hace que el pan sea grande y esponjoso. Sin levadura, el pan es plano, y este se llama pan sin levadura o ácimo. Ahora volvamos a la historia. Los discípulos hicieron lo que Jesús les había pedido, y encontraron un lugar y se alistaron para la Pascua.
Llegó la noche, y Jesús y los doce discípulos se sentaron a compartir la cena. Los discípulos estaban comiendo en silencio, pues sus mentes estaban ocupadas en muchas cosas. Estaban preocupados porque algunas personas querían matar a Jesús porque se estaba volviendo muy popular.
Jesús podía notar la preocupación de los discípulos. Entonces les dijo en baja voz: "En verdad les digo, uno de ustedes me traicionará. "  Los discípulos se miraban unos a otros asombrados, y algunos le preguntaron: "No soy yo, ¿verdad, Señor?" Jesús contestó, "Aquel que moja su pan en el tazón conmigo me traicionará.

Moriré, como está escrito, pero el hombre que me traicione se arrepentirá para siempre. Entonces Judas, bajó la cabeza y habló en baja voz a Jesús: "¿No soy yo, verdad?"  Jesús contestó: "Si, tu eres. "  Judas bajó la cabeza aún más, y esperaba que los otros discípulos no hubieran oído lo que había dicho Jesús.

Por fortuna, estaban poniendo más atención a Jesús que estaba partiendo el pan. Agradeció a Dios por el pan y lo compartió con sus discípulos y dijo: "Tomen y coman. Este es mi cuerpo que he entregado por ustedes". Luego tomó la copa llena, agradeció a Dios y dijo: "Esta es mi sangre, que se derramará por muchos para que se perdonen sus pecados.

"  Entonces todos tomaron un sorbo de la copa. La cena continuó después de esto, pues era una celebración larga. Los discípulos se tomaron su tiempo, porque disfrutaban hablando con Jesús y haciéndole preguntas.

(Como cuando sales a cenar con tus padres y sus amigos, a veces parece que van a hablar para siempre, y tu solo quieres irte a casa. Después de algún tiempo, Jesús se levantó de la mesa y fue a una parte diferente de la habitación. Se quitó sus ropas de diario, se envolvió una toalla grande, de manera que parecía como un sirviente.

Después de eso, vertió agua en un tazón grande y comenzó a lavar los pies de los discípulos. Luego los secó con la toalla que se había envuelto. Primero que todo, Jesús es como un Rey, pero aun más grandioso que un rey, ¡Él es el Rey de Reyes!  Al lavar los pies de los discípulos, Él estaba haciendo algo que solo un sirviente haría.

¡Es como si alguien famoso llegara a tu casa y comenzara a limpiar tu habitación, y hasta se pusiera de rodillas para limpiar bajo tu cama!  Tal vez nunca pasaría. Cuando era el momento de lavar los pies de Pedro, este le dijo a Jesús: "Señor, ¿vas a lavar mis pies?"  Jesús contestó: "No entiendes lo que estoy haciendo, pero más tarde lo harás.
  • "   "No," dijo Pedro, "nunca lavarás mis pies;
  • "  Dijo esto porque no se sentía cómodo dejando que Jesús le lavara los pies;
  • Sabía que Jesús era muy especial;
  • Jesús le contestó: "Si no lavo tus pies, no puedes estar conmigo;
"   "Entonces, Señor…"  contestó Pedro "lava no sólo mis pies, sino mis manos y mi cabeza también. "  Jesús le explicó que solo necesitaba lavar sus pies, y que esto haría que todo su cuerpo estuviera limpio. Cuando Jesús había terminado de lavar los pies de todos los discípulos, volvió a ponerse sus ropas de diario y regresó a la mesa.

"¿Entienden lo que he hecho por ustedes?"  Jesús les preguntó. "Me llaman "Maestro" y "Señor", y eso es lo que soy. Y ahora que he lavado sus pies, también pueden lavarse los pies unos a otros. "   Este es un ejemplo de cómo debes tratar a los demás.

No es que tengas que lavar los pies de otras personas,  sino que al hacer cosas buenas por otros y actuar como un sirviente por Jesús, estás haciendo lo que Él quiere que hagas. Si haces estas cosas, Jesús te bendecirá. Versión imprimible de esta historia.

¿Qué se celebra el día de Pascua?

La Pascua ​ ―también llamada Pascua de Resurrección,​ Pascua Florida,​ Domingo de Pascua,​​ o Domingo de Resurrección​― es la fiesta central del cristianismo,​​ en la que se conmemora, de acuerdo con los evangelios canónicos, la resurrección de Jesucristo al tercer día después de haber sido crucificado.