Como Orar Por El Vino En La Santa Cena?

‘Oh Dios, Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, te pedimos que bendigas y santifiques este vino para las almas de todos los que lo beban, para que lo hagan en memoria de la sangre de tu Hijo, que por ellos se derramó; para que testifiquen ante ti, oh Dios, Padre Eterno, que siempre se acuerdan de él.

¿Cómo orar en la cena?

¡Benditas sean las manos, / que dieron vida y cuidados / a estos manjares! ¡Sagrado y respetado por todos /  sea el maravilloso oficio de sembrar! Bendita sea la vida de aquellos / que se levantan de madrugada, que abrazan el sol y la lluvia / y que dejan en la tierra su sudor para que estos frutos, / de su ternura y de su esfuerzo, / alimenten nuestra existencia.

¿Qué representa el pan y el vino en la Biblia?

Como Orar Por El Vino En La Santa Cena El pan y el vino son los elementos naturales que Jesús tomó en el contexto de la cena pascual o Última Cena con sus apóstoles, para que simbolicen y se conviertan en su cuerpo y su sangre, y lo hagan presente en el sacramento de la Eucaristía. Además del simbolismo este sencillo menú está cargado de virtudes para la salud humana, “sin embargo estamos asistiendo, a nivel mundial, a la demonización de alimentos ancestrales y entre ellos se encuentran el vino o el pan”, explica la doctora Mónica Katz, directora de cursos de nutrición en la Universidad Favaloro, en Argentina.

Según Katz este fenómeno se relaciona con el crecimiento de las enfermedades crónicas no infecciosas y la obesidad, pero lo cierto es que los humanos hemos consumido estos alimentos y bebidas desde tiempos remotos y la prevalencia de estas enfermedades es reciente.

“Nadie habla de consumir alcohol excesivamente ni exagerar el consumo de pan. La idea es hacerlo en porciones controladas, por ejemplo, recurriendo a botellas para consumo individual, si hablamos de vino”, recomienda esta experta. El vino y la paradoja francesa.

  1. El pan es una fuente básica de energía disponible pues contiene un elevado porcentaje de hidratos de carbono;
  2. Si podemos elegir los de harina integral, obtendremos el beneficio extra de la fibra vegetal y una absorción lenta de esos hidratos;

Por otro lado, aporta vitaminas del complejo B, centrales en la obtención de energía a partir de los alimentos. Por su parte, el vino es un componente central de la dieta mediterránea y de la llamada paradoja francesa, que consiste en que algunas poblaciones de Francia tienen bajo riesgo cardiovascular, a pesar de ingerir grasas saturadas.

Según Katz, “el efecto protector de esta bebida se debe a que contiene unos compuestos llamados bioflavonoides, con efectos positivos sobre fenómenos inflamatorios, cáncer, envejecimiento o enfermedad cardiovascular”.

El “rey de los vinos” es el tinto, y es recomendable en cualquiera de sus variedades en función de los tipos de uva, como tannat, cabernet sauvignon, merlot o malbec, entre otras”, destaca esta experta, y añade que “su efecto saludable se debe a la presencia de procianidinas, resveratrol y taninos.

Mientras que el pan puede ser la base de buenos desayunos, refrigerios, colaciones o comidas principales en forma de sándwiches, con vegetales y pescados, o con carnes magras, y es interesante consumir preferentemente los de harinas con adición de semillas y nueces.

Para ser más saludable el pan debe contener grasas bajas, que están presentes en el pan francés o el árabe, o grasas saludables como el omega 9;  y cero grasas ‘trans’, o sea, aceites vegetales hidrogenados, recalca. Por otra parte, estas son las recomendaciones de César Casavola, médico nutricionista Presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición, SAN, para consumir estos dos alimentos en Semana Santa, sin caer en excesos que nos causen desórdenes digestivos o sobrepeso, e incluirlos en la dieta cotidiana, aprovechando al máximo sus beneficios: EL PAN 1.

Es preferible que sea integral (con harina menos refinada y mayor contenido en salvado y fibra dietética). Es recomendable tomar una o dos rodajas en el desayuno y también en la merienda. Puede ser un almuerzo ligero, por ejemplo, si comemos un sándwich elaborado con una variedad integral.

Las personas con obesidad deben evitar en lo posible el pan blanco en el almuerzo y la cena, ya que puede contribuir al incremento ponderal (de peso) o a causar alteraciones de la glucemia en aquellos predispuestos. EL VINO 5. Al ser una fermentación alcohólica, hay que consumirlo con moderación: una copa diaria en la mujer y dos en el hombre.

Es preferible el vino tinto por su contenido antioxidante. En Semana Santa 7. Hay que respetar los horarios de las comidas. Conviene ser moderado con las porciones. Es mejor consumir el vino luego de ingerir algún alimento para retrasar su absorción.

10. Hay que mantenerse activo, ¡aún más en los periodos de vacaciones!. Síguenos en Google Noticias.

¿Que se dice en la Santa Cena?

Información adicional – Cuando instituyó la Santa Cena, Jesucristo dijo: “Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. Esta copa es el nuevo convenio en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:19–20). La Santa Cena ofrece a los miembros de la Iglesia la oportunidad de meditar y recordar con gratitud la vida, el ministerio y la expiación del Hijo de Dios.

  1. El pan partido es un recordatorio de Su cuerpo y Su sufrimiento físico, en particular Su sufrimiento en la cruz;
  2. Es también un recordatorio de que por medio de Su misericordia y gracia, todas las personas resucitarán y tendrán la oportunidad de vivir eternamente con Dios;

El agua es un recordatorio de que el Salvador derramó Su sangre debido a un intenso sufrimiento y angustia espirituales que comenzaron en el Jardín de Getsemaní y concluyeron en la cruz. En el jardín, Él dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38).

Al someterse a la voluntad del Padre, Él sufrió más de lo que nos es posible comprender: “La sangre le [brotó] de cada poro, tan grande [fue] su angustia por la iniquidad y abominaciones de su pueblo” (Mosíah 3:7).

Él sufrió por los pecados, los pesares y los dolores de todas las personas, para hacer posible la remisión de los pecados de los que se arrepientan y vivan el Evangelio (2 Nefi 9:21–23). Por medio del derramamiento de Su sangre, Jesucristo salvó a toda la gente de lo que las Escrituras llaman la “transgresión original” de Adán (Moisés 6:54).

  1. El participar de la Santa Cena es un testimonio ante Dios de que el recuerdo de Su Hijo se extenderá más allá del corto tiempo que dura esa sagrada ordenanza;
  2. El prometer recordarle siempre y testificar estar dispuesto a tomar sobre uno mismo el nombre de Jesucristo y guardar Sus mandamientos forman parte de esta ordenanza;

Al participar de la Santa Cena y hacer estos compromisos, los miembros de la Iglesia renuevan los convenios que hicieron al bautizarse (véase Mosíah 18:8–10; D. y C. 20:37). A cambio, el Señor renueva la promesa de redimir los pecados y permitir que los miembros de la Iglesia “siempre puedan tener su Espíritu consigo” (D.

y C. 20:77). La compañía constante del Espíritu es uno de los mayores dones de la vida terrenal. En preparación para la Santa Cena, todas las semanas, los miembros de la Iglesia dedican un tiempo para examinar sus propias vidas y arrepentirse de sus pecados.

No tienen que ser perfectos para participar de la Santa Cena, pero deben tener un espíritu de humildad y arrepentimiento en sus corazones. Todas las semanas dan lo mejor de sí para prepararse para esa sagrada ordenanza con un corazón quebrantado y un espíritu contrito (véase 3 Nefi 9:20).

¿Qué significa que el pan es su carne y el vino su sangre?

La transubstanciación o transustanciación​ es, según las enseñanzas de la Iglesia católica, la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre.

¿Cómo se bendice la Santa Cena?

Bendecir y repartir la Santa Cena Mientras la congregación canta el himno sacramental, los poseedores del sacerdocio que van a bendecir la Santa Cena se ponen de pie con reverencia, retiran la parte del mantel que cubre las bandejas del pan y parten el pan en trozos pequeños.

¿Cómo dar gracias a Dios por la cena?

Acción de Gracias al terminar – Te damos gracias, Señor, por el alimento que nos has dado; haced que de él nos sirvamos siempre para nuestro bien. Gracias por todos tus dones. Que el Rey de la eterna gloria nos haga partícipes de la mesa celestial. Amén.

  • Gracias, Señor, porque, de nuevo, hemos podido alimentarnos con los dones que Tú generosamente nos das;
  • Señor, que no haya más hambre en el mundo;
  • Te agradezco, Señor, esta alegría de la mesa: el alimento y la compañía de los míos;

Bendice siempre a esta familia y a quienes no tienen ni hogar ni pan.

¿Qué significa el vino en lo espiritual?

Desde su nacimiento, hace más de 5. 000 años, el vino ha formado parte de las culturas del ámbito mediterráneo de forma tan intensa que se integra en sus religiones. En algunas se convierte incluso en el mismo Dios. El vino aparece rodeado de un aura especial y, en ese sentido místico, se transforma en alimento del espíritu.

  1. En la antigüedad se produjo una confrontación entre dos concepciones místicas radicalmente opuestas;
  2. Las religiones antiguas fueron finalmente desplazadas por las llamadas “religiones del Libro”, lo que supuso un cambio radical en la concepción misma de lo espiritual;
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El vino mantuvo un papel importante a pesar de esos cambios y conservó su dimensión esotérica, aunque con algunas diferencias sustanciales. La lucha de las dos concepciones religiosas se refleja claramente en la Biblia, en la lucha del concepto hebreo (la primera religión del Libro) contra la mitología de los pueblos de Canaán, la Palestina actual, una región considerada por los judíos nada menos que como la “tierra prometida por Dios”.

En consecuencia, el “pueblo de Dios”, el pueblo judío, se atribuye el mandato divino de destruir a los pueblos que habitan Palestina. En sus mandamiento les dice “no matarás”, pero luego ordena: “Ve a Canaán y mata a todos los que encuentres allí”.

Cuestión milenaria que explica muchas cosas aún hoy. La invasión puramente guerrera se viste con un manto religioso. El enfrentamiento económico (las tribus ganaderas nómadas de Israel ambicionaban los pastos de Palestina, “tierra de leche y miel”) se envuelve de misticismo escenificando un claro enfrentamiento de dos conceptos irreconciliables: la sociedad matriarcal de la diosa Astarté, pacífica, hedonista, agrícola, es desplazada violentamente por el belicoso pueblo ganadero de Yahvé.

Se impone una religión monoteísta, de una divinidad celestial inaccesible y de culto a la muerte, frente a las divinidades ctónicas y la celebración de la vida del viejo sistema. La adoración a un dios recluido en los templos se impone al culto a la naturaleza, que se celebraba en todas partes.

En el proceso, que se prolonga en el enfrentamiento entre el cristianismo y el politeísmo de Roma, el vino mantiene su carácter de elemento relacionado con la divinidad, pero cambia sustancialmente su concepción mística. En las religiones antiguas, hedonistas y antropomorfas, el vino simboliza la unión de lo terrestre y lo espiritual, en un plano similar al que se atribuye al sexo, con el que está íntimamente relacionado en celebraciones como las bacanales o la idea tántrica de “los cinco esenciales”: cereales (simbolizan el reino vegetal), carne (el reino animal), pescado (el reino acuático), vino (el ámbito sensorial) y unión sexual (el reino de lo espiritual).

  • Esos cinco elementos conviven en un ritual que tiene mucho en común con las bacanales, en las que se manejan conceptos como “la borrachera sagrada” o “el sexo sagrado”;
  • Las religiones del Libro (judaísmo, cristianismo e islamismo) repudian y combaten, con éxito, como es público y notorio, esa filosofía sensorial y se especializan en lo espiritual y en la represión de las inclinaciones hedonistas;

Conciben el paso por la tierra, el “valle de lágrimas”, como una especie de prueba iniciática para conseguir la dicha en una vida futura. El sexo se convierte en pecado (hasta el punto de que el dios de los cristianos es concebido sin intervención del sexo) y el vino pierde el carácter de vehículo de unión entre lo terrenal y lo espiritual y, para una parte de los cristianos, los católicos, adquiere el nivel máximo de bebida sagrada y pasa a ser nada menos que parte de la divinidad, la sangre de Cristo, aunque sigue siendo accesible al humano.

  1. Hay que decir que esa separación del vino de su vínculo con el placer terrenal fue progresiva;
  2. En las primeras fases del cristianismo mantiene su carácter sensorial, continuación, como tantas otras cosas en esa nueva religión, de las prácticas paganas imperantes;

El episodio de las bodas de Caná, en las que se pone en evidencia la relación estrecha del vino con los placeres de la carne, revela también que, tal como se sospecha, el fundador del cristianismo era mucho menos asceta de lo que fueron sus seguidores y de lo que difunde la doctrina oficial.

En la tercera religión del Libro, el islam, el vino escapa del alcance humano; está prohibido, como todo lo que afecta al cerebro (narcóticos), y, sin embargo, forma parte del premio que el Corán reserva a sus fieles: “He aquí el cuadro del Paraíso que ha sido prometido a los hombres piadosos: arroyos cuya agua no se malea nunca, arroyos de leche cuyo gusto no se alterará jamás, arroyos de vino, delicia de los que lo beban, arroyos de miel pura, de toda clase de frutos y del perdón de los pecados”, amén de la tantas veces prometida presencia de las huríes.

La prohibición coránica no ha sido monolítica a lo largo de la historia. Abundan las referencias, sobre todo en Al-Andalus a través de los poetas cordobeses, del consumo de vino entre los musulmanes. Pero ese consumo no es únicamente una trasgresión pecaminosa más o menos disimulada (en algunas etapas el vino es denominado eufemísticamente “jarabe”, tal vez por tratarse de vinos dulces del estilo de los pedroximénez actuales).

  • Los sufistas, cuya filosofía concibe el mundo como una emanación de Dios, consideran al vino como un símbolo de la gracia divina y heredan una idea que tiene gran relieve en el cristianismo, aunque es mucho más antigua, la del vino como sangre divina: para griegos y romanos es la sangre de Dionisos/Baco;

Dogma de fe El vino aparece en los primeros pasos de la mitología de las religiones del Libro con un papel cargado de simbolismo. Adán y Eva se cubren con una hoja de parra cuando son expulsados del Paraíso y, según la Mishna hebrea, el árbol de la ciencia, del bien y del mal que provocó el desastre sería una viña y no un manzano.

Ese concepto tiene continuación en la interpretación cabalística del mito de Noé, un personaje, por cierto, que existe también en las tradiciones del Asia Central; según los cabalistas el mito de Noé es una alegoría del conocimiento y la borrachera simboliza el acceso al conocimiento.

Sin embargo, el episodio donde el vino adquiere todo su peso iniciático y en el que adquiere su dimensión mística cristiana es en el de la última cena, el ofrecimiento simbólico del pan y el vino, convertidos en carne y sangre de Cristo, es decir, del mismo Dios.

Es una carga esotérica que se proyecta a la epopeya legendaria de la búsqueda del Grial, que es precisamente la copa utilizada por Jesús en la última cena, e interviene en la investigación alquimista de la piedra filosofal con algunos efectos colaterales: en la búsqueda del espíritu del vino se llega a los espirituosos, aprovechando el arte de la destilación, desarrollado por los árabes.

La última cena se reproduce simbólicamente en la ceremonia más importante del rito católico, la misa. No obstante, en los primeros siglos del cristianismo el ágape era real y se conmemoraba la última cena con un auténtico banquete, más o menos pródigo. Tal vez hubo más de un exceso de aire un tanto báquico y en 363 el Concilio de Laodicea prohibió tales ágapes, que quedaron en un mero símbolo: la hostia (palabra que tiene su raíz en el latín hostis, sacrificio) y el vino.

  1. Por cierto que el vino quedó reservado a los oficiantes, de forma que los sacerdotes fueron los únicos que tenían acceso a la sangre (el vino) mientras que los fieles se conformaban con la carne (la hostia), tal como se celebra en la actualidad;

En la misa, los fieles entran en contacto directo con la divinidad y reproducen la ofrenda iniciática del pan y el vino, transformados milagrosamente en la carne y la sangre del fundador del cristianismo. Esa ceremonia, y concretamente la transformación del vino en sangre y el pan en carne, fue el origen de duras controversias, hasta el punto de provocar uno de los más sangrientos cismas de la cristiandad.

El Concilio de Trento estableció en el siglo XVI el dogma de fe de la “transubstanciación”, es decir el cambio milagroso de la propia sustancia del pan y del vino consagrados, que se convierten durante la Eucaristía en carne y sangre divinas.

La transubstanciación es para los cristianos católicos una conversión real y no simbólica, como mantenía el suizo Zwinglio, o ideal o virtual, tal como mantenía el francés Calvino, dos de los más destacados herejes de la cristiandad. Su calificación como dogma de fe significa que los católicos han de creer en el principio de la transubstanciación al margen de lo que les digan sus sentidos.

Es decir, el vino de misa tiene aspecto de vino, huele a vino (más o menos) y sabe como el vino, pero es sangre. Y la hostia, igual. Un vino puro Con ese importante destino, el vino de consagrar no puede ser un vino cualquiera.

Ha de ser un vino puro y natural obtenido de uvas (“vinum debet esse naturale de genimine vitis et not corruptum”, dice el Canon 924), según los criterios establecidos por la jerarquía católica, que ha regulado minuciosamente los procesos de elaboración del pan y el vino de consagrar a través del Canon 815 del Código de Derecho Canónico, que data de 1917.

  1. El vino de misa, ese oscuro objeto del deseo de todo monaguillo que se precie, tiene tras sí todo un complejo entramado de normas para su elaboración, definida y controlada nada menos que por el organismo eclesiástico heredero de la Inquisición;

No en vano, la ausencia de cualquiera de las tres características esenciales, natural, puro y de uva, invalida la ceremonia de la misa. El vino de misa ha de estar elaborado exclusivamente con uvas y tiene que haber fermentación. La norma no admite el mosto ni los vinos desalcoholizados.

Se acepta el vino de pasas pero no el de uvas agraces y en su elaboración y conservación no deben intervenir prácticas ni productos que alteren la naturaleza del vino o su composición. En la fermentación, que ha de ser “natural”, se admite el uso de levaduras cultivadas pero no el de las modernas levaduras seleccionadas.

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Se prohíbe la adición de productos enológicos habituales, como yeso, azúcar, colorantes o decolorantes, taninos y clarificantes, con la excepción de clara de huevo, papel puro, sílice y asbesto. La jerarquía no considera aptos los vinos alterados o picados, pero está también prohibido el sulfitado de los vinos, aunque se admite la desinfección con sulfuroso de los depósitos y barricas, así como de los mostos.

Para la conservación del vino se autoriza la pasteurización, la concentración por frío, por vacío o por calor (calor moderado y aplicado por “baño maría”, no por fuego directo; no se autoriza la adición de alcohol, salvo en el caso de que haya riesgo de que el vino se corrompa.

La adición de agua se autoriza únicamente en el momento de la Eucaristía y sólo por considerar que reproduce la práctica habitual hace dos mil años de “bautizar” ligeramente los vinos. El resultado final es un vino blanco y dulce, con 100 a 150 gramos de azúcar por litro, y la verdad es que no demasiado atractivo según los parámetros actuales ya que la prohibición de adiciones y prácticas enológicas dejan al vino desprotegido ante los agentes externos, sobre todo ante la oxidación.

Catar los vinos de misa deja bastante en entredicho su imagen legendaria y sólo su carácter dulce (y seguramente también la faceta “espiritual” de las bebidas alcohólicas) puede justificar la no menos mítica atracción que ha ejercido sobre novicios y monaguillos.

Fecha publicación:Diciembre de 2004 Medio: Restauradores.

¿Qué significado tiene el vino en la Biblia?

‘Convencidos de que el vino es un don de Dios, los autores sagrados describen la prosperidad en términos de abundancia de «trigo y mosto» (Gn 27:28), requieren el diezmo del vino (Dt 12:17), prescriben para ciertas ofrendas una libación de vino (Nm 15:7).

¿Qué significa el vino y el aceite?

El aceite en la Biblia tiene un significado simbólico y divino, representa al Espíritu Santo y su accionar. En 1° Samuel nos muestra que cuando vino el aceite de unción, vino también el Espíritu Santo sobre David. Veamos qué más nos enseña la Palabra de Dios.

1° Samuel 16:13 “Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá”.

A continuación entenderemos los atributos del Espíritu Santo. EL ACEITE DE OLIVA COMO COMBUSTIBLE Se usaba como combustible para las lámparas. Gracias al aceite era posible iluminar la oscuridad. Primero en el Tabernáculo, y luego en el Templo, las lámparas del candelabro debían arder con aceite puro de oliva.

Levítico 24:2 “Manda a los hijos de Israel que te traigan para el alumbrado aceite puro de olivas machacadas, para hacer arder las lámparas continuamente”. Antiguamente las aceitunas  eran vertidas en un depósito de piedra y de esa manera se les extraía el aceite, el cual salía por una abertura hacia otro recipiente.

Ese aceite puro y virgen es usado como combustible para el candelabro en el Templo. Y el Espíritu  Santo es el combustible del candelabro que representa a su iglesia. El libro de Hechos nos muestra que el candelabro, que es la iglesia de Jesucristo, fue encendido en Pentecostés mediante el aceite del Espíritu Santo, pues sobre cada uno los discípulos, se asentaron lenguas como de fuego.

Apocalipsis 1:20 “El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias”.

El Señor Jesucristo dice de su iglesia que somos la luz del mundo, y nos compara con una lámpara de aceite en Mateo 5: 14-16. De la misma forma compara a su iglesia con jóvenes vírgenes de las cuales, cinco de ellas que eran insensatas traían sus lámparas, que simbolizan a la Palabra de Dios (Salmo 119:105), pero no aceite- que simboliza al Espíritu Santo, para hacerlas alumbrar (Mateo 25:3).

Estas jóvenes insensatas representan a las iglesias sin fuego, sin el obrar del Espíritu Santo,  porque si bien conocen de la Palabra y aún la usan, no permiten que sea el Espíritu Santo quien las use y fluya con poder.

ORACION POR EL VINO DE LA SANTA CENA

Por ello, en este pasaje la lámpara también representa lo externo, lo visible, lo terrenal; mientras que el aceite es lo interno o espiritual. EL ACEITE DE OLIVA COMO MEDICAMENTO Lucas 4:18 “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido (con el aceite) para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos;  a poner en libertad a los oprimidos”.

Los antiguos también usaban el aceite de oliva, ingerido o untado, como ingrediente medicinal. Ya fuere en hinchazones, dolores o heridas, el aceite de oliva era un elemento infaltable en los remedios de la época.

En la enseñanza del buen samaritano se observa eso. Marcos 6:12 “Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. Marcos 6:13 Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban”. El Espíritu Santo, quien nos guía en el conocimiento de la Palabra, es un bálsamo el cual no solamente consuela, sino que trae sanidad a nuestra alma, Proverbios 4:20-22.

EL ACEITE DE OLIVA COMO JABÓN Es la grasa del jabón la que hace que la impureza resbale de nosotros. En la antigüedad, era la grasa del aceite de oliva la que ayudaba de esa forma en la limpieza. Al igual que hoy día al jabón simple se le agregan todo tipo de perfumes y fórmulas para la higiene (shampo anti-caspa, jabón medicinal, etc.

) en aquellas épocas también al aceite se le agregaban todo tipo de recetas. Ungir: El término bíblico ungir se entiende como aplicar aceite u otra materia grasa untándola. Por extensión también se entendía como lavar, limpiar o consagrar para un propósito.

El Espíritu del Señor nos Santifica. Tal como al bañarnos y sentirnos limpios nos da gozo, y hasta cantamos, así también el sentirnos limpios de pecado nos llena de gozo espiritual, por ello el Espíritu Santo es el Óleo del gozo espiritual.

Salmos 45:7 “Has amado la justicia y aborrecido la maldad; Por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo (aceite) de alegría más que a tus compañeros”. Éxodo 30:25 “Él nos unge limpiándonos y apartándonos -que es lo mismo que santificar- del mundo para un propósito divino”.

  • EL ACEITE DE OLIVA COMO ELEMENTO CEREMONIAL Se le daba al aceite puro de oliva un importante uso ceremonial;
  • Su significado era que la cosa o persona quedaba consagrada (apartada) para el servicio del Señor;

Tanto reyes como sacerdotes y objetos del culto, eran ungidos (limpiados para un uso especial) con el aceite de la santa unción. Éxodo 30:26-31. A Jesús se le da el título de Cristo, porque la palabra griega “Christós” significa ungido (untado, consagrado), y es el término con el que se denomina tanto al rey como al sumo sacerdote en turno.

Nuestro rey y sumo sacerdote perpetuo, Cristo-Jesús, es el Ungido de ungidos, el Cristo. Los judíos llamaban así al Mesías, pues iba a ser el más grande de los ungidos, el Santo de santos (Daniel 9:24). Por ello también Cristo significa Mesías, Limpiado, Elegido, Santificado, Consagrado, Apartado para toda buena obra.

Debemos entender que el aceite es el símbolo del Espíritu de Dios que nos aparta del mundo, nos consagra, nos purifica y nos santifica. Por lo que los sacrificios de purificación ya no son necesarios, ya que la presencia del Espíritu Santo hace esa purificación.

¿Qué quiere decir la palabra indignamente?

Adverbio de modo [ editar ] – 1 Que se hace o procede o trata con un inferior mérito o calidad o respeto del que corresponde. De modo indigno o con indignidad.

¿Qué es verdadera comida y verdadera bebida según lo que dice Jesús?

Como Orar Por El Vino En La Santa Cena Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. – Juan 6,53-57 Leer Aquí Como Orar Por El Vino En La Santa Cena.

¿Quién puede participar de la Santa Cena?

¿Cuál debe ser nuestra actitud cuando participamos de la Santa Cena? –

  • ¿Cómo podemos prepararnos para participar de la Santa Cena? ¿En qué podemos pensar durante la Santa Cena que nos ayude a recordar la expiación del Salvador?

Antes de participar de la Santa Cena debemos prepararnos espiritualmente. El Señor ha hecho hincapié en que ninguna persona debe participar indignamente de la Santa Cena, lo cual significa que debemos arrepentirnos de nuestros pecados antes de tomarla. Las Escrituras dicen: “…si alguien ha transgredido, no le permitáis participar sino hasta que se haya reconciliado” ( D.

y C. 46:4 ). El Señor instruyó a Sus doce discípulos nefitas, diciendo: “…no permitáis que ninguno a sabiendas participe indignamente de mi carne y de mi sangre, cuando las administréis; porque quien come mi carne y bebe mi sangre indignamente, come y bebe condenación para su alma…” ( 3 Nefi 18:28–29 ).

Durante el servicio sacramental, debemos alejar de nuestra mente cualquier pensamiento mundano; debemos tener un espíritu de oración y ser reverentes; debemos pensar en la expiación de nuestro Salvador y estar agradecidos por ella. Debemos examinar nuestra vida y buscar la manera de mejorarla, y renovar nuestra determinación de guardar los mandamientos.

No es necesario que seamos perfectos antes de participar de la Santa Cena, pero debemos tener el espíritu de arrepentimiento en nuestro corazón. La actitud que tengamos al participar de la Santa Cena influirá en la experiencia que tengamos con esta ordenanza.

Si participamos de la Santa Cena con un corazón puro, recibiremos las bendiciones prometidas por el Señor.

  • ¿Por qué piensa usted que participar dignamente de la Santa Cena aumenta nuestra fuerza espiritual?
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¿Cómo orar por el pan de la Santa Cena?

Oh Dios, Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, te pedimos que bendigas y santifiques este pan para las almas de todos los que participen de él, para que lo coman en memoria del cuerpo de tu Hijo, y testifiquen ante ti, oh Dios, Padre Eterno, que están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de tu Hijo, y a.

¿Qué representa el pan?

Su simbología incluiría en los rincones más profundos del inconsciente colectivo de los pueblos mediterráneos la idea de la procreación y los ciclos de la vida – En el antiguo Egipto, este alimento albergaba creencias muy complejas. El trigo se asociaba con el simbolismo de la resurrección o con la supervivencia de los muertos y el ciclo de las estaciones iba atado a esta metáfora.

Además, los egipcios incluían el pan en la tumba para el tránsito hacia el más allá de sus muertos como una manera de representar el paso a la abundancia. Desde el siglo XII antes de Cristo, los griegos veneraban los misterios de Demeter, la diosa del pan y divinidad protectora de las cosechas y la fertilidad de los campos de Eleusis, que también intercedía en el reino de los muertos.

En la Roma imperial, los panaderos celebraban el 9 de junio las vestales, en honor a Vesta, la diosa del hogar asociada con el fuego que arde en la chimenea. El Challah es un pan trenzado especial que se consume en Shabat y en las festividades judías Getty Pero el pan no solo se ha vinculado a la espiritualidad y la vida después de la muerte, también a la procreación : el proceso de cargar, asar y descargar el horno conlleva un paralelismo con la copulación, embarazo y parto respectivamente. En Egipto, oscilaban nociones de procreación y fertilidad a su alrededor. El acto sexual y el instinto de reproducción encontraban un trasunto simbólico en la misteriosa fermentación del pan. En el Antiguo Testamento, el trigo y el pan son símbolos de la fecundidad de la tierra , jugando un papel importante en los sacrificios y las festividades judías.

¿Qué hace Jesús con el pan y con el vino?

Los alimentos que estuvieron sobre la mesa en la que se instituyó la Eucaristía formaban parte de la tradición judía – 28/03/2013 Actualizado a las 16:08h. En la Última Cena de Jesús con sus discípulos pan y vino se transustanciaron en cuerpo y sangre de Cristo, instituyéndose así la Eucaristía, sacramento fundamental de la Iglesia Católica.

  1. Pero sobre aquella mesa hubo aquel jueves más alimentos, todos parte de la tradición hebrea;
  2. La reunión, que supuso el comienzo de la Pasión y Muerte de Cristo, se celebró, según los Evangelios sinópticos -los de Mateo, Marcos y Lucas-, al atardecer del «primer día de los ácimos», esto es, el primero de la semana en que debía comerse pan hecho sin levadura en la masa o ácimo;

En el Pésaj o Pascua judía , que es la fiesta más importante de la tradición hebrea, este pueblo recuerda su salida y liberación de Egipto, y el pan que se emplea en ella es ácimo porque en la huida los israelitas no tuvieron tiempo de hacerlo con levadura.

  1. «Delante de Jesús había una fuente con hierba y otra con una salsa parduzca» De hecho, la hostia que emplea la Iglesia Católica en la celebración de la Eucaristía es pan ácimo de harina de trigo, y tiene origen en la «matzá» que emplean los judíos en la celebración del Pésaj;

Junto con el pan, en aquella mesa hubo vino, «producto de la vid», en palabras de Cristo ( Mateo 26:29 ), que pasó a ser su propia sangre, «la de la Alianza, que va a ser derramada por todos, para perdón de los pecados» (Mateo 26:28). Sin lugar a dudas, la del vino era una imagen de mucha importancia entonces: «Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador.

Todo sarmiento mío que no da fruto lo corta; y todo el que da fruto lo poda, para que dé más todavía», dijo Jesucristo a sus discípulos ( Juan 15:1 y 2 ). Otro de los alimentos presentes fue el cordero pascual.

De hecho, la Cena de Pascua de ese «primer día de los ácimos» consistía en comer este animal recién sacrificado de acuerdo con los ritos propios de esta festividad judía. No se debe olvidar que, tal y como refleja la Santa Biblia, en la Palestina de entonces el pastoreo y consumo de cordero estaba muy extendido.

Además, este animal se ha convertido en uno de los símbolos más populares del cristianismo. Después de la Cena, Jesucristo, «Cordero de Dios», iba a ser igualmente inmolado para salvación de la humanidad entera.

Con todo, uno de los testimonios que acerca de los alimentos presentes en la Última Cena aporta más detalles es el de Catalina de Emmerich, monja agustina que a comienzos del siglo XIX experimentó una serie de visiones sobre la Pasión y Muerte de Jesús.

La editorial Voz de Papel recoge en «La amarga Pasión de Cristo», la descripción que de estas visiones realizó en 1823 el poeta alemán Clemente Brentano. «En medio de la mesa estaba la fuente con el cordero pascual.

[…] El borde de la fuente tenía ajos todo alrededor. A su lado había un plato con el asado de Pascua y al lado un plato de hierbas verdes, apretadas, puestas de pie como si estuvieran plantadas, y otro con manojitos de hierbas amargas que parecían hierbas aromáticas; luego, delante de Jesús, había una fuente con hierba verdeamarillenta, y otra con una salsa parduzca.

Los comensales usaban como platos unos panecillos redondos, y utilizaban cuchillos de hueso», confesó la religiosa al poeta. Emmerich, beatificada por Juan Pablo II en 2004, también afirmó haber visto a Jesús mojando en la salsa un trozo de pan envuelto en lechuga.

Sobre la mesa en la que se celebró la Última Cena también pudo haber sal, un importante conservante de alimentos en aquellos tiempos. Una creencia popular dice que el traidor Judas Iscariote derramó sal durante la Cena, y aunque tan sólo se trata de eso, de una creencia popular, lo cierto es que algunas importantes obras de arte, como el conocido cuadro de Leonardo da Vinci, la recogen.

¿Quién está en el pan y el vino?

El pan y el vino son dos alimentos milenarios que se encuentran entre nosotros desde los albores de la humanidad. En la religión católica tiene un significado muy importante. Inclusive, forma parte del ritual religioso ya que se representa la última cena de Jesús con esos dos elementos.

  • En el ritual de la misa católica, el pan representa el cuerpo de Cristo , mientras que el vino hace alusión a la sangre del Salvador;
  • “Entonces Jesús tomó pan, dio gracias a Dios, lo partió, se lo dio a los apóstoles y dijo: Este pan es mi cuerpo que doy por ustedes;

Cómanlo como recordatorio. 20 De la misma manera, después de la cena tomó la copa y dijo: Esta copa es mi sangre que es derramada por ustedes y establece el nuevo pacto. [a] 21 Pero escuchen, uno de ustedes se volverá en contra mía. Su mano está al lado de la mía en la mesa. Como Orar Por El Vino En La Santa Cena El pan y el vino son una parte importante de los rituales de la liturgia católica.

¿Qué significa el pan de Cristo?

El día de hoy nos encontramos con un evangelio muy eucarístico, un evangelio en donde Jesús se entrega física y espiritualmente a la humanidad. Una de las necesidades básicas del ser humano para poder estar con vida es el alimento, fuente de energía y vitalidad, de la cual depende nuestra existencia.

En este contexto Jesús se afirma como; “Yo soy el pan de la vida”. Un Jesús que se ofrece como alimento, generador de vitalidad, para todo el que coma de Él. Si lo tratamos de comprender con elementos nutricionales podríamos decir que nuestro cuerpo necesita diferentes elementos para mantenerse en buenas condiciones, es necesario el consumo de hidratos de carbono (azúcar), que nos aporta energía para que nuestros órganos funcionen, proteínas que nos dan estructura, principalmente nuestros músculos y las grasas, benéficas para que nuestras hormonas funcionen adecuadamente y mantengamos un equilibrio fisiológico, entre otras tantas.

Así Jesús, como pan de vida, nos aporta energía a nuestro espíritu para mantener nuestra unidad con Dios, para mantenernos firmes ante las adversidades, ante esos momentos de dolor y desesperación en donde nos damos cuenta de que nuestras propias fuerzas no son suficientes.

  • Allí entra la fuerza, la energía de Dios que nos levanta, nos alienta y nos empuja a seguir disfrutando de la vida;
  • Jesús, así como las proteínas, da estructura a nuestra vida, nos conduce al bien, nos regala la capacidad de discernimiento, de conocer nuestras miserias, pero también, de conocer nuestras virtudes para ser felices y finalmente como las grasas, nos permite mantenernos equilibrados en esas cosas que no se ven a simple vista, pero las que podemos sentir, nuestras emociones, pero, sobre todo, nos enseña a amar;

Jesús es el pan bajado del cielo para nutrirnos, para darnos la vida eterna, quien nos inyecta energía, quien nos da estructura y quien nos regala la plenitud mediante el equilibrio de nuestro sentir; nos conceda parecernos cada vez más a Él, mediante la configuración en el amor, un amor hasta el extremo.