Como Ministrar La Santa Cena Del Señor?

Como Ministrar La Santa Cena Del Señor
Cómo se administra la Santa Cena – Las Escrituras explican exactamente cómo se debe administrar la Santa Cena. Los miembros de la Iglesia se reúnen todos los días de reposo para adorar y participar de la Santa Cena (véase D. y C. 20:75 ). La Santa Cena la administran quienes poseen la autoridad debida del sacerdocio.

Un presbítero o un poseedor del Sacerdocio de Melquisedec parte el pan en pedazos pequeños, se arrodilla y lo bendice (véase D. y C. 20:76 ). Un diácono u otro poseedor del sacerdocio reparte entonces el pan de la Santa Cena entre la congregación.

Luego, el presbítero o el poseedor del Sacerdocio de Melquisedec bendice el agua y ésta se reparte también entre los miembros. Jesús dio vino a Sus discípulos cuando instituyó la Santa Cena; sin embargo, en una revelación de los últimos días, Él ha dicho que no tiene importancia lo que se coma o se beba durante la Santa Cena, con tal de que lo hagamos para recordarlo (véase D.

  1. y C;
  2. 27:2–3 );
  3. En la actualidad, los Santos de los Últimos Días beben agua en lugar de vino;
  4. Jesús reveló las palabras exactas que debemos decir en las dos oraciones sacramentales;
  5. Debemos escuchar con sumo cuidado estas bellas oraciones y tratar de comprender qué prometemos y qué se nos promete;

La oración que se ofrece para bendecir el pan es la siguiente: “Oh Dios, Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, te pedimos que bendigas y santifiques este pan para las almas de todos los que participen de él, para que lo coman en memoria del cuerpo de tu Hijo, y testifiquen ante ti, oh Dios, Padre Eterno, que están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de tu Hijo, y a recordarle siempre, y a guardar sus mandamientos que él les ha dado, para que siempre puedan tener su Espíritu consigo.

Amén” ( D. y C. 20:77 ). La oración que se ofrece para bendecir el agua es la siguiente: “Oh Dios, Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, te pedimos que bendigas y santifiques este vino [agua] para las almas de todos los que lo beban, para que lo hagan en memoria de la sangre de tu Hijo, que por ellos se derramó; para que testifiquen ante ti, oh Dios, Padre Eterno, que siempre se acuerdan de él, para que puedan tener su Espíritu consigo.

Amén” ( D. y C. 20:79 ). La ordenanza de la Santa Cena se debe efectuar de una forma muy sencilla y reverente.

  • Repase detenidamente las oraciones sacramentales y piense en el significado de cada frase.

¿Que se dice en la Santa Cena?

Información adicional – Cuando instituyó la Santa Cena, Jesucristo dijo: “Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. Esta copa es el nuevo convenio en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:19–20). La Santa Cena ofrece a los miembros de la Iglesia la oportunidad de meditar y recordar con gratitud la vida, el ministerio y la expiación del Hijo de Dios.

El pan partido es un recordatorio de Su cuerpo y Su sufrimiento físico, en particular Su sufrimiento en la cruz. Es también un recordatorio de que por medio de Su misericordia y gracia, todas las personas resucitarán y tendrán la oportunidad de vivir eternamente con Dios.

El agua es un recordatorio de que el Salvador derramó Su sangre debido a un intenso sufrimiento y angustia espirituales que comenzaron en el Jardín de Getsemaní y concluyeron en la cruz. En el jardín, Él dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38).

Al someterse a la voluntad del Padre, Él sufrió más de lo que nos es posible comprender: “La sangre le [brotó] de cada poro, tan grande [fue] su angustia por la iniquidad y abominaciones de su pueblo” (Mosíah 3:7).

Él sufrió por los pecados, los pesares y los dolores de todas las personas, para hacer posible la remisión de los pecados de los que se arrepientan y vivan el Evangelio (2 Nefi 9:21–23). Por medio del derramamiento de Su sangre, Jesucristo salvó a toda la gente de lo que las Escrituras llaman la “transgresión original” de Adán (Moisés 6:54).

El participar de la Santa Cena es un testimonio ante Dios de que el recuerdo de Su Hijo se extenderá más allá del corto tiempo que dura esa sagrada ordenanza. El prometer recordarle siempre y testificar estar dispuesto a tomar sobre uno mismo el nombre de Jesucristo y guardar Sus mandamientos forman parte de esta ordenanza.

Al participar de la Santa Cena y hacer estos compromisos, los miembros de la Iglesia renuevan los convenios que hicieron al bautizarse (véase Mosíah 18:8–10; D. y C. 20:37). A cambio, el Señor renueva la promesa de redimir los pecados y permitir que los miembros de la Iglesia “siempre puedan tener su Espíritu consigo” (D.

y C. 20:77). La compañía constante del Espíritu es uno de los mayores dones de la vida terrenal. En preparación para la Santa Cena, todas las semanas, los miembros de la Iglesia dedican un tiempo para examinar sus propias vidas y arrepentirse de sus pecados.

No tienen que ser perfectos para participar de la Santa Cena, pero deben tener un espíritu de humildad y arrepentimiento en sus corazones. Todas las semanas dan lo mejor de sí para prepararse para esa sagrada ordenanza con un corazón quebrantado y un espíritu contrito (véase 3 Nefi 9:20).

¿Cuál es la importancia de la Cena del Señor?

Pastor Raul Assandri – Cómo celebrar la Santa Cena en casa? – Comunidad Roca Eterna

La Santa Cena: Una renovación para el alma El Espíritu sana y renueva nuestra alma. La bendición prometida de la Santa Cena es que “siempre [podremos] tener su Espíritu [con nosotros]”. En una ocasión, un grupo de jovencitas me preguntó: “¿Qué le hubiera gustado saber cuando tenía nuestra edad?”.

Si respondiera a esa pregunta ahora, les diría: “Cuando tenía su edad me hubiera gustado entender mejor la importancia de la Santa Cena; quisiera haber entendido la Santa Cena de la forma en que el élder Jeffrey R.

Holland la describió. Él dijo: ‘Una de las invitaciones inherentes de la ordenanza de la Santa Cena es que sea una verdadera experiencia espiritual, una santa comunión, una renovación del alma’ 1 “. ¿De qué manera puede ser la Santa Cena “una verdadera experiencia espiritual, una santa comunión, una renovación del alma” cada semana? La Santa Cena se convierte en una experiencia que nos fortalece cuando escuchamos las oraciones sacramentales y nos volvemos a comprometer a cumplir nuestros convenios.

  1. Para hacerlo, debemos estar dispuestos a tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo 2;
  2. Refiriéndose a esa promesa, el presidente Henry B;
  3. Eyring enseñó: “Eso significa que tenemos que considerarnos como que le pertenecemos; lo colocamos en el primer lugar de nuestra vida; deseamos lo que Él desea y no lo que nosotros queremos o lo que el mundo nos enseña que debemos ambicionar” 3;

Cuando tomamos la Santa Cena, también hacemos convenios de “recordarle siempre” 4. La noche antes de ser crucificado, Cristo reunió a Sus apóstoles e instituyó la Santa Cena. Partió pan, lo bendijo y dijo: “Tomad, comed; esto es en memoria de mi cuerpo, el cual doy en rescate por vosotros” 5.

Luego tomó un vaso de vino, dio gracias, se lo dio a Sus apóstoles para tomar y dijo: “…esto es en memoria de mi sangre… que es derramada por cuantos crean en mi nombre” 6. Entre los nefitas, y también al restaurar Su Iglesia en los últimos días, repitió que debemos tomar la Santa Cena en memoria de Él 7.

Al participar de la Santa Cena, testificamos a Dios que recordaremos a Su Hijo siempre y no sólo durante la breve ordenanza de la Santa Cena. Eso significa que constantemente acudiremos al ejemplo y las enseñanzas del Salvador para guiar nuestros pensamientos, decisiones y actos 8.

La oración sacramental también nos recuerda que debemos “guardar sus mandamientos” 9. Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” 10. La Santa Cena nos da una oportunidad para la introspección y para volcar nuestro corazón a la voluntad de Dios.

La obediencia a los mandamientos trae el poder del Evangelio a nuestra vida, así como mayor paz y espiritualidad. La Santa Cena brinda un momento para una experiencia realmente espiritual al reflexionar en el poder redentor y habilitador del Salvador por medio de Su expiación.

  1. Hace poco, una líder de las Mujeres Jóvenes supo de la fortaleza que recibimos al esforzarnos por participar de la Santa Cena de manera reflexiva;
  2. A fin de completar un requisito del Progreso Personal, se puso la meta de concentrarse en las palabras de los himnos y de las oraciones sacramentales;

Cada semana llevaba a cabo una autoevaluación durante la Santa Cena. Recordaba los errores que había cometido y se comprometía a mejorar la próxima semana. Estaba agradecida de poder hacer las cosas bien y llegar a ser limpia. Viendo la experiencia en retrospectiva, dijo: “Estaba poniendo en práctica la parte de la Expiación que corresponde al arrepentimiento”.

Un domingo, después de su autoevaluación, empezó a sentirse triste y pesimista. Podía ver que estaba cometiendo los mismos errores una y otra vez, semana tras semana. Pero luego tuvo la clara impresión de que estaba dejando de lado una parte importante de la Expiación: el poder habilitador de Cristo.

Estaba olvidando todas las ocasiones en que el Salvador la ayudó a ser quien necesitaba ser y a prestar servicio más allá de su propia capacidad. Con eso en mente, reflexionó nuevamente sobre la semana anterior. Ella dijo: “Un sentimiento de gozo irrumpió en mi melancolía al observar que Él me había dado muchas oportunidades y habilidades.

  • Noté con gratitud la habilidad que tuve de reconocer la necesidad de mi hijo aun cuando no era obvia;
  • Observé que un día en que sentía que no había tiempo para una cosa más, pude ofrecer palabras de fortaleza a una amiga;

También había demostrado paciencia en una situación que normalmente producía en mí el efecto contrario”. Finalizó diciendo: “Al agradecer a Dios el poder habilitador del Salvador en mi vida, me sentí mucho más optimista en cuanto al proceso de arrepentimiento que estaba tratando de aplicar y contemplé la siguiente semana con renovada esperanza”.

El élder Melvin J. Ballard enseñó la manera en que la Santa Cena puede ser una experiencia que sana y purifica. Él dijo: “¿Quién de nosotros no ha herido en alguna forma su espíritu por medio de la palabra, el pensamiento o la acción, de domingo a domingo? Cierto es que hacemos cosas que lamentamos y por las cuales deseamos ser perdonados… El medio para obtener el perdón… [es] arrepentirnos de nuestros pecados e ir a aquellos a quienes hayamos ofendido y obtener su perdón; después, debemos acudir a la mesa sacramental donde, si hemos seguido con toda sinceridad los pasos del arrepentimiento, seremos perdonados y la cura espiritual se verificará en nuestra alma…” “Soy testigo”, dijo el élder Ballard, “de que en la administración de la Santa Cena hay presente un Espíritu que entibia el alma de pies a cabeza; se siente que las heridas del espíritu se cicatrizan y la carga se levanta.

Todo aquel que es digno y tiene un verdadero deseo de participar de este alimento espiritual recibe consuelo y felicidad” 11. Nuestra alma herida puede ser sanada y renovada no sólo porque el pan y el agua nos recuerdan el sacrificio del Salvador, de Su carne y de Su sangre, sino porque los emblemas también nos recuerdan que Él siempre será nuestro “pan de vida” 12 y “agua viva” 13.

Tras administrar la Santa Cena a los nefitas, Jesús dijo: “El que come de este pan, come de mi cuerpo para su alma; y el que bebe de este vino, bebe de mi sangre para su alma; y su alma nunca tendrá hambre ni sed, sino que será llena.

“Y cuando toda la multitud hubo comido y bebido, he aquí, fueron llenos del Espíritu” 14. Con esas palabras, Cristo nos enseña que el Espíritu sana y renueva nuestra alma. La bendición prometida de la Santa Cena es que “siempre [podremos] tener su Espíritu [con nosotros]” 15.

Cuando participo de la Santa Cena, en ocasiones me viene a la mente un cuadro que representa al Salvador resucitado con los brazos extendidos, como si estuviera listo para recibirnos en Su amoroso abrazo.

Me encanta ese cuadro. Cuando pienso en él durante la bendición y el reparto de la Santa Cena, mi alma se eleva puesto que casi puedo escuchar las palabras del Salvador: “He aquí, mi brazo de misericordia se extiende hacia vosotros; y a cualquiera que venga, yo lo recibiré; y benditos son los que vienen a mí” 16.

Los poseedores del Sacerdocio Aarónico representan al Salvador cuando preparan, bendicen y reparten la Santa Cena. Cuando un poseedor del sacerdocio extiende el brazo para ofrecernos los emblemas sagrados, es como si el Salvador mismo estuviera extendiendo Su brazo de misericordia, invitando a cada uno de nosotros a participar de los preciosos dones de amor que se ponen a nuestra disposición mediante Su sacrificio expiatorio: los dones del arrepentimiento, el perdón, el consuelo y la esperanza 17.

Cuanto más meditemos sobre el significado de la Santa Cena, más sagrada y significativa será para nosotros. Fue eso lo que un padre de 96 años expresó a su hijo cuando éste le preguntó: “Papá, ¿por qué vas a la Iglesia? No puedes ver ni escuchar, y te es difícil trasladarte de un lugar a otro.

¿Por qué vas a la Iglesia?”. El padre contestó: “Por la Santa Cena. Voy a participar de la Santa Cena”. Ruego que cada uno de nosotros vaya a la reunión sacramental preparado para tener “una verdadera experiencia espiritual, una santa comunión, una renovación de [nuestra] alma” 18.

Sé que nuestro Padre Celestial y nuestro Salvador viven. Agradezco la oportunidad que la Santa Cena nos brinda de sentir Su amor y participar del Espíritu. En el nombre de Jesucristo. Amén.

¿Cuál es el significado del pan y el vino?

Qué es Al pan, pan, y al vino, vino: – Al pan, pan, y al vino, vino es un refrán popular que invoca la franqueza y la necesidad de hablar con claridad sobre las cosas. Se usa para exigir a las personas hablar de manera directa y sin rodeos para poder arrojar luz sobre los asuntos que se discuten o sobre aquellas informaciones que se piden.

  1. Se puede desglosar el refrán de la siguiente manera: el pan debe ser llamado pan y el vino debe ser llamado vino;
  2. Esto quiere decir que cada cosa sea llamada por su nombre;
  3. En este sentido, este popular refrán, muy usado por demás, resalta el valor de la franqueza del discurso y la valentía;

Tiene, en cierto sentido, un propósito práctico. Mientras más se demore una persona en abordar las cosas por su nombre y con apertura, más difícil serán las situaciones que se desarrollen. El refrán tiene algunas variantes. Por ejemplo, en algunas sociedades añaden ciertas palabras: “Decir pan al pan y vino al vino”.

También se suele decir “Al pan, pan, al vino, vino, y al gazpacho con pepino”. Otra variación de esta expresión es: “Pan por pan, vino por vino”. Ver también A buen entendedor, pocas palabras. Cómo citar: “Al pan, pan, y al vino, vino”.

En: Significados. com. Disponible en: https://www. significados. com/al-pan-pan-y-al-vino-vino/ Consultado:.

¿Cuándo se debe tomar la Cena del Señor?

18 abril 2011 Como Ministrar La Santa Cena Del Señor Fuente de la imagen, AP Pie de foto, El estudio señala que la confusión se debe a la utilización de dos tipos de calendarios en el Nuevo Testamento. Los cristianos conmemoran la Última Cena de Jesucristo el jueves de Semana Santa, pero una nueva investigación sostiene que se llevó a cabo el miércoles antes de su crucifixión. Colin Humphreys, de la Universidad de Cambridge, señala que las discrepancias en los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas en relación al de Juan surgieron porque aquéllos toman como referencia un antiguo calendario diferente al judío.

  • El investigador concluye que la fecha exacta de la Última Cena fue el 1 de abril del año 33 después de Cristo;
  • Esto puede significar también que el arresto, interrogación y juicio de Jesús no se produjo en un sólo día;

El profesor Humphreys sostiene que los resultados de su investigación podrían servir de base para que finalmente se establezca el primer domingo de abril como el día de Pascua.

¿Qué quiere decir la palabra indignamente?

Adverbio de modo [ editar ] – 1 Que se hace o procede o trata con un inferior mérito o calidad o respeto del que corresponde. De modo indigno o con indignidad.

¿Qué significa que el pan es su carne y el vino su sangre?

La transubstanciación o transustanciación​ es, según las enseñanzas de la Iglesia católica, la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre.

¿Cuál es el significado del pan y el vino en la Santa Cena?

Transcript – EL SIGNIFICADO DEL PAN Y EL VINO EN LA CENA DEL SEÑOR Cada vez que celebramos la Santa Cena, estamos anunciando la muerte y resurrección del Señor, hasta que Él vuelva por su Iglesia. 1 Corintios 11. 26 “Así pues, todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”.

  • EL SIGNIFICADO DEL PAN La Biblia explica que Jesús es el pan de vida y el pan que descendió del cielo, por ello los que nos alimentamos espiritualmente de Él no morimos, sino que vivimos para siempre (Juan 6;

48 / 6. 50-51,58). El pan representa el Cuerpo de Cristo, es decir la muerte que el Señor sufrió como pago por nuestros pecados. Así como el pan fue partido para que todos los discípulos comieran de él, después de la cruz, el cuerpo del Señor fue arado, marcado por los látigos y golpes, y luego molido por nuestros pecados (1 Corintios 11.

  • 23-24);
  • Isaías 53;
  • 5 “Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados;
  • Por darnos la paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados”;
  • El pan también representa la comunión con el Cuerpo de Cristo, es decir el compañerismo con nuestros hermanos en la fe;

Lo que nos enseña que ningún cristiano puede vivir para Cristo independientemente sino mantiene una relación permanente con sus hermanos de la fe, ya que como un cuerpo, nos necesitamos los unos a los otros (1 Corintios 10. 1617). EL SIGNIFICADO DEL VINO El vino representa la Sangre del Señor, que fue derramada para perdón de pecados, para darnos vida y paz para con Dios (Hebreos 9.

  • 22 / Colosenses 1;
  • 20);
  • El vino representa la sangre que da vida y la resurrección del Señor venciendo sobre la muerte y el Hades;
  • Deuteronomio 12;
  • 23 “Porque la sangre es la vida”;
  • La Biblia muestra que el Señor derramó siete veces de su sangre, cada una de ellas conlleva bendición para nosotros; la sangre derramada en la cruz es del nuevo pacto, que dejó caducado el antiguo pacto hecho con Israel (Marcos 14;

24 / Lucas 22. 20). La sangre del Señor nos limpia de todo pecado (1 Juan 1. 7), nos purifica (Hebreos 9. 13, 22), nos libera (Efesios 1. 7 / Hebreos 9. 12), nos hace aptos para toda buena obra (Hebreos 13. 20-21). 1 Juan 1. 7 “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo,[m] nos limpia de todo pecado”.

La sangre de Jesucristo fue derramada para redención, sin embargo, los israelitas pidieron que la sangre cayera sobre ellos para condenación expresando “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos” (Mateo 27.

24-25). Es importante indicar que el pan y el vino de la Santa Cena, en ningún momento se transforman en el cuerpo y la sangre del Señor (conocido como Transustanciación), sino que representan o simbolizan su Cuerpo y su Sangre. PASTOR NESTOR M.

¿Cuáles fueron las últimas palabras de Jesús en la Última Cena?

El discurso después de la cena – La salida de Judas Iscariote parece haber disipado hasta cierto punto la nube de completa tristeza que había abrumado a la pequeña compañía; y el propio Señor se sintió palpablemente aliviado. En cuanto la puerta se hubo cerrado tras el desertor, Jesús exclamó, como si ya hubiera logrado su victoria sobre la muerte: “Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él.

  1. ” Dirigiéndose a los Once con palabras de cariño paternal, les dijo: “Hijitos, aún estaré con vosotros un poco;
  2. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir;

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. ” a La ley de Moisés decretaba que hubiese amor mutuo entre amigos y vecinos; b pero en el nuevo mandamiento, por el cual habían de regirse los apóstoles, se incorporaba un amor superior.

Debían amarse los unos a los otros como Cristo los amaba; y este cariño fraternal habría de ser uno de los rasgos característicos de su apostolado, por medio del cual el mundo los reconocería como hombres que habían sido apartados.

Las palabras del Señor referentes a su inminente separación de ellos afligió a los hermanos. Pedro le hizo la pregunta: “Señor, ¿a dónde vas?” Jesús le respondió: “A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti.

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” Pedro parece haber comprendido que su Maestro se dirigía a su muerte; y sin embargo, afirmó su disposición, sin amedrentarse, de andar aun por esa tenebrosa vía, más bien que separarse de su Señor. No podemos dudar la sinceridad del propósito de Pedro ni la determinación de su deseo en ese momento.

En su intrépida declaración, sin embargo, había contado únicamente con la voluntad de su espíritu, y no había considerado en forma completa la debilidad de su carne. Jesús, que conocía a Pedro mejor que éste se conocía a sí mismo, tiernamente reprobó su desmedida confianza en sí mismo, y le dijo: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

” El principal de los apóstoles, el hombre de piedra todavía tenía que ser convertido, o como más precisamente lo dice la Escritura “vuelto”; c porque tal como el Señor lo previó, Pedro iba a ser vencido en breve, aun al grado de negar que conocía a Cristo.

Cuando aquél firmemente declaró su disposición de seguir a Jesús hasta la cárcel o la muerte, el Señor lo hizo callar, diciéndole: “Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces. ” Era necesario preparar a los apóstoles para hacer frente a un nuevo régimen, nuevas condiciones y nuevas exigencias; los esperaban persecuciones, y en breve iban a ser privados de la presencia alentadora del Maestro.

  1. Jesús les preguntó: “Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada;
  2. Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una;

Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y fue contado con los inicuos; porque lo que está escrito de mí, tiene cumplimiento. ” De acuerdo con esta profecía, Jesús pronto iba a ser contado con los transgresores, d y sus discípulos serían conocidos como partidarios de un criminal ejecutado.

Al oír hablar de bolsa, alforja, zapatos y espada, algunos de los hermanos lo tomaron en forma literal, y declararon: “Señor, aquí hay dos espadas. ” Con abrupta finalidad Jesús respondió: “Basta. ” Ninguna necesidad inmediata de armas les había indicado, y ciertamente no las necesitaba para su propia defensa.

Una vez más les había sido imposible sondar su significado, pero más tarde aprenderían por medio de la experiencia. e Unicamente Juan, de todos los escritores evangélicos, nos proporciona la información que tenemos concerniente al último discurso que Jesús comunicó a los apóstoles antes de su crucifixión; y aconsejaríamos que todo lector estudiara cuidadosamente los tres capítulos en que se preservan estas sublimes palabras para el alumbramiento del género humano.

  1. f Notando la tristeza de los Once, el Maestro les dijo que se animaran, que fundaran su aliento y esperanza en la fe en El;
  2. “No se turbe vuestro corazón—les dijo—creéis en Dios, creed también en mí;
  3. ” Entonces, como si estuviera descorriendo el velo entre lo terrenal y lo celestial, permitiendo que sus fieles siervos vislumbraran las futuras condiciones, continuó: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros;

Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. ” g Así fue como en lenguaje sencillo y claro el Señor reveló la existencia de condiciones graduadas en la otra vida, y la variedad de ocupaciones y grados de gloria, lugar y categoría en los mundos eternos.

  1. h Había afirmado su propia Divinidad inherente, y por medio de la confianza que manifestaran en El y la obediencia a sus requerimientos, ellos encontrarían la manera de seguirlo al lugar donde iba a precederlos;

Tomás, el amoroso, valiente, aunque algo incrédulo discípulo, deseando información más precisa, optó por preguntar: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?” La respuesta de Jesús fue una reafirmación de su Divinidad: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. ” Aquí lo interrumpió Felipe con esta solicitud: “Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. ” Jesús contestó con una sentimental y subentendida reprensión: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” Lo afligía pensar que sus amigos más íntimos y queridos sobre la tierra, aquellos a quienes había conferido la autoridad del Santo Sacerdocio, todavía no entendieran su unidad absoluta con el Padre, en cuanto a propósitos y hechos.

Si el Padre Eterno hubiera estado entre ellos en Persona, en las condiciones que entonces existían, habría obrado precisamente en la misma forma en que obró el Muy Amado y Unigénito Hijo a quien conocían como Jesús, su Señor y Maestro. El Padre y el Hijo eran uno en corazón y pensamientos en forma tan absoluta, que conocer a uno de ellos significaba conocer a los dos; sin embargo, nadie podía llegar al Padre sino por conducto del Hijo.

  1. Al grado en que tuvieran fe en Cristo, y cumplieran su voluntad, los apóstoles podrían realizar las obras que Cristo había efectuado en la carne y cosas mayores aún, porque la misión terrenal del Señor tan sólo duraría unas horas más; y el desenvolvimiento del divino plan de las edades exigiría milagros mayores todavía que los que El había efectuado en el breve período de su ministerio;

Por la primera vez el Señor instruyó a sus apóstoles que oraran en su nombre al Padre, y les aseguró el éxito de sus peticiones justas, con estas palabras: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. ” i De esa ocasión en adelante el nombre de Jesucristo habría de ser el divinamente establecido talismán mediante el cual se invocarían los poderes del cielo para efectuar toda empresa justa.

Se prometió el Espíritu Santo a los apóstoles, el cual les sería enviado mediante la intercesión del Cristo, para serles “otro Consolador”, el Espíritu de Verdad, el cual—no obstante que el mundo lo rechazaría, como había despreciado a Cristo—moraría con los discípulos y estaría en ellos, aun como el Señor entonces moraba en ellos y el Padre en El.

  1. “No os dejaré huérfanos—aseguró Jesús a los hermanos—vendré a vosotros;
  2. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis;
  3. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros;

” j Siguió luego la promesa de que Cristo, aunque desconocido para el mundo, se manifestaría a los que lo habían amado y guardado sus mandamientos. Judas Tadeo, también conocido como Lebeo, k “no el Iscariote”, como el cronista cuidadosamente indica, confuso por este concepto tan contrario a la tradición y al judaismo—de un Mesías que se daría a conocer solamente a unos pocos escogidos y no a Israel en general—se sintió constreñido a preguntar: “Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?” Jesús explicó que únicamente los fieles lograrían el compañerismo del Padre y de El.

Nuevamente alentó a los apóstoles con la promesa de que cuando viniera el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviaría en nombre del Hijo, “él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.

Aquí se manifiesta de nuevo la personalidad distinta de cada uno de los miembros de la Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. l Viendo que los discípulos todavía estaban turbados, Jesús los consoló, diciendo: “La paz os dejo, mi paz os doy”; y para que entendiesen que se refería a algo mayor que el saludo acostumbrado de la época—porque “la paz sea contigo” era el acostumbrado saludo diario entre los judíos—el Señor afirmó que les daría esa bendición en una forma más elevada, y no “como el mundo la da”.

  1. Aconsejándoles una vez más que dejaran a un lado su tristeza y no tuvieran miedo, Jesús añadió: “Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros;
  2. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre es mayor que yo;

” Claramente manifestó el Señor a sus siervos que les decía esas cosas de antemano a fin de que cuando se efectuaran los acontecimientos predichos, se confirmara la fe de los apóstoles en El, el Cristo. No tenía tiempo para decirles muchas cosas más, porque la siguiente hora presenciaría el comienzo de la lucha suprema.

“Viene el príncipe de este mundo”—les dijo; y añadió con gozo triunfal: “Y él nada tiene en mí. ” m Valiéndose de una espléndida alegoría, el Señor ilustró la trascendental relación que existía entre los apóstoles y El, y entre El y el Padre, empleando para ello la figura de un labrador, una vid y sus ramas: n “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.

Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará para que lleve más fruto. ” En ninguna de la principal literatura del mundo puede hallarse una analogía más espléndida. Sin el Señor, estos siervos ordenados eran tan impotentes e inservibles como la rama que es cortada del árbol.

Así como ésta se torna fructífera sólo en virtud de la savia nutritiva que recibe del tronco enraizado, y si es cortada o desgajada se marchita, se seca y no sirve sino como combustible para ser quemado, en igual manera aquellos hombres, aun cuando tenían la ordenación del Santo Apostolado, sólo mientras permanecieran en constante comunión con el Señor, podrían ser fuertes y abundar en buenas obras.

Sin Cristo, ¿qué eran, sino galileos iletrados, algunos de ellos pescadores, otro publicano, el resto sin particularidad que los distinguiera, y todos ellos débiles mortales? En calidad de pámpanos de la Vid, se hallaban limpios y sanos en esos momentos por motivo de las instrucciones y ordenanzas autoritativas con que habían sido bendecidos, y la obediencia reverente que habían manifestado.

“Permaneced en mí”—fue la vehemente amonestación del Señor, pues de lo contrario sólo se volverían ramas marchitas. “Yo soy la vid—dijo, explicando la alegoría—vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis mis discípulos.

” De nuevo les declaró que su amor del uno por el otro era el elemento esencial de su amor continuo hacia Cristo. o En ese amor hallarían el gozo. Cristo les había servido de ejemplo de amor justo desde el día en que se conocieron; y estaba a punto de manifestarles la prueba suprema de su cariño, prefigurada en esta afirmación: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

” Y graciosamente aseguró que aquellos hombres eran sus amigos: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.

” Esta íntima relación no modificaba en ningún respecto la posición de Cristo como su Señor y Maestro, porque El los había elegido y ordenado; y era su voluntad que viviesen en tal forma, que cuanto pidieran en el nombre de la santa amistad que El reconocía, el Padre se lo concedería.

Nuevamente se hizo referencia a las persecuciones que los esperaban, y a su llamado apostólico en calidad de testigos especiales e individuales del Señor. p Tendrían que reconocer el hecho de que el mundo los odiaba entonces, y los aborrecería con mayor intensidad más adelante; pero debían recordar que el mundo había aborrecido a su Maestro primero y que ellos fueron elegidos y apartados del mundo mediante su ordenación; por tanto, no debían creer que se escaparían del odio del mundo.

Como se les había inculcado en forma particular, y ellos entendían como principio general, el siervo no era más que su amo, ni el apóstol más que su Señor. Quienes los aborrecían a ellos odiaban al Cristo; y los que odiaban al Hijo aborrecían al Padre; y grave será la condenación de tales.

Si los inicuos judíos no hubieran cerrado sus ojos y tapado sus oídos a las poderosas obras y palabras llenas de gracia del Mesías, se habrían convencido de la verdad, la cual los habría salvado; pero quedaron sin pretexto o excusa para sus pecados; y Cristo afirmó que con su perversa manera de proceder se habían cumplido las Escrituras, porque lo odiaban sin causa.

q Entonces, refiriéndose de nuevo a la gran y alentadora promesa del apoyo que recibirían cuando viniera el Espíritu Santo, el Señor dijo: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio. ” Jesús les declaraba aquellas cosas, “para que no tengáis tropiezo”; en otras palabras, para que los acontecimientos sin precedente que entonces se cernían sobre ellos, no les cayeran de sorpresa, los desviaran, y los hicieran dudar y caer.

  • Se previno a los apóstoles que serían perseguidos y expulsados de las sinagogas, y que habría época en que sería tan enconado el odio hacia ellos, y tan espesas las tinieblas satánicas en los pensamientos y espíritu de la gente, que quien llegase a matar a uno de ellos justificaría su nefando crimen diciendo que le había hecho un servicio a Dios;

Percibiendo la tristeza que sentían, porque se iba a alejar de ellos, el Señor nuevamente intentó animarlos, diciendo: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuere, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.

” La certeza de que descendería el Espíritu Santo, por medio de quien recibirían la fuerza para hacer frente a toda necesidad y emergencia, fue el tema inspirador de esta parte del discurso del Señor. El Espíritu Santo les enseñaría muchas cosas que Cristo aún tenía que decir a sus apóstoles, las cuales eran incapaces de entender en ese tiempo.

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad—les aseguró Jesús—él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. ” r Volviendo al asunto de su partida, tan próxima en esos momentos que sólo era cuestión de horas, el Señor dijo, ampliando un poco lo que previamente había declarado: “Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre.

” s Los apóstoles se pusieron a reflexionar, y algunos de ellos se preguntaron entre sí el significado del Señor, pero era tan profunda la solemnidad de la ocasión que no se atrevieron a inquirir en alta voz. Jesús entendió su perplejidad y graciosamente les explicó que dentro de poco llorarían y se lamentarían mientras el mundo se regocijaría—esto sería por motivo de su muerte—pero les prometió que su tristeza se convertiría en gozo a causa de su resurrección, de la cual ellos serían testigos.

Comparó su entonces presente estado al de la mujer que sufre dolores de parto, la cual con el gozo de haber dado a luz se olvida de su angustia. Ningún hombre tendría el poder para arrebatarles la felicidad que los esperaba; y de allí en adelante no debían suplicar a Cristo solamente, sino al Padre en el nombre de Cristo.

“En aquel día—dijo el Señor—no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre; os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. ” t Iban a ser ascendidos al gran honor y elevada dignidad de poder dirigirse directamente al Padre mediante la oración, pero en el nombre del Hijo; pues el Padre los amaba porque habían amado a Jesús, el Hijo, y lo habían aceptado como el Enviado del Padre.

Una vez más el Señor afirmó solemnemente: “Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo al mundo, y voy al Padre. ” Los discípulos se regocijaron al oír esta clara aseveración, y exclamaron: “He aquí ahora hablas claramente, y ninguna alegoría dices.

Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios. ” En su satisfacción existía el peligro de una confianza desmedida en sí mismos, y el Señor los amonestó, diciendo que en una hora muy próxima todos serían esparcidos por distintos lados, dejando a Jesús abandonado con sólo la presencia del Padre.

Refiriéndose al mismo asunto, les dijo que no pasaría la noche sin que todos fueran escandalizados de El, porque la Escritura decía: “Heriré al pastor, y las ovejas serán dis-persadas. ” u A Pedro, el de las protestas más vehementes, se le había dicho, como ya hemos visto, que esa noche negaría a su Señor tres veces antes que cantara el gallo; sin embargo, todos ellos habían declarado que serían fieles en cualquier circunstancia.

v Afirmando nuevamente la realidad física de su resurrección, Jesús prometió a los apóstoles que después de levantarse de la tumba iría delante de ellos a Galilea. x Para concluir este último discurso, el más solemne de los que pronunció en la carne, el Señor dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz.

¿Qué dice Primera de Corintios 11 20?

1 Sed imitadores de mí, así como yo lo soy de a Cristo. 2 Y os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las a instrucciones tal como os las enseñé. 3 Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la a cabeza de la mujer, y Dios, la b cabeza de Cristo.

  1. 4 Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, deshonra su cabeza;
  2. 5 Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, deshonra su cabeza, porque lo mismo es que si se hubiese rapado;

6 Porque si la mujer no se cubre la cabeza, córtese también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, cúbrase. 7 Porque el varón no ha de cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón, 8 porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, 9 Y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.

10 Por lo cual, la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. 11 Pero en el Señor, ni el a varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón. 12 Porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios.

13 Juzgad vosotros mismos: ¿Es apropiado que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza? 14 La naturaleza misma, ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? 15 Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso, porque en lugar de velo le es dado el cabello.

16 Con todo eso, si alguno quiere ser a contencioso , nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios. 17 Pero en esto que os anuncio, no os alabo, porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor.

18 Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros a disensiones ; y en parte lo creo. 19 Porque es preciso que entre vosotros haya a herejías , para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados. 20 Cuando, pues, os reunís en común, esto a no es comer la cena del Señor.

21 Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. 22 Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la a iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.

23 Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó a pan , 24 y habiendo dado gracias, lo partió y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.

  • 25 Asimismo, tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo a convenio en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebáis, en memoria de mí;
  • 26 Porque todas las veces que comáis este a pan , y bebáis esta copa, la b muerte del Señor anunciáis hasta que él venga;

27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor a indignamente , será b culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28 Por tanto, a examínese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. 29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, come y bebe a juicio para sí.

30 Por lo cual hay muchos a enfermos y debilitados entre vosotros; y muchos duermen. 31 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados. 32 Pero siendo juzgados, somos a disciplinados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

33 Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. 34 Si alguno tiene hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando llegue.

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¿Qué significa el vino en lo espiritual?

Desde su nacimiento, hace más de 5. 000 años, el vino ha formado parte de las culturas del ámbito mediterráneo de forma tan intensa que se integra en sus religiones. En algunas se convierte incluso en el mismo Dios. El vino aparece rodeado de un aura especial y, en ese sentido místico, se transforma en alimento del espíritu.

En la antigüedad se produjo una confrontación entre dos concepciones místicas radicalmente opuestas. Las religiones antiguas fueron finalmente desplazadas por las llamadas “religiones del Libro”, lo que supuso un cambio radical en la concepción misma de lo espiritual.

El vino mantuvo un papel importante a pesar de esos cambios y conservó su dimensión esotérica, aunque con algunas diferencias sustanciales. La lucha de las dos concepciones religiosas se refleja claramente en la Biblia, en la lucha del concepto hebreo (la primera religión del Libro) contra la mitología de los pueblos de Canaán, la Palestina actual, una región considerada por los judíos nada menos que como la “tierra prometida por Dios”.

En consecuencia, el “pueblo de Dios”, el pueblo judío, se atribuye el mandato divino de destruir a los pueblos que habitan Palestina. En sus mandamiento les dice “no matarás”, pero luego ordena: “Ve a Canaán y mata a todos los que encuentres allí”.

Cuestión milenaria que explica muchas cosas aún hoy. La invasión puramente guerrera se viste con un manto religioso. El enfrentamiento económico (las tribus ganaderas nómadas de Israel ambicionaban los pastos de Palestina, “tierra de leche y miel”) se envuelve de misticismo escenificando un claro enfrentamiento de dos conceptos irreconciliables: la sociedad matriarcal de la diosa Astarté, pacífica, hedonista, agrícola, es desplazada violentamente por el belicoso pueblo ganadero de Yahvé.

Se impone una religión monoteísta, de una divinidad celestial inaccesible y de culto a la muerte, frente a las divinidades ctónicas y la celebración de la vida del viejo sistema. La adoración a un dios recluido en los templos se impone al culto a la naturaleza, que se celebraba en todas partes.

En el proceso, que se prolonga en el enfrentamiento entre el cristianismo y el politeísmo de Roma, el vino mantiene su carácter de elemento relacionado con la divinidad, pero cambia sustancialmente su concepción mística. En las religiones antiguas, hedonistas y antropomorfas, el vino simboliza la unión de lo terrestre y lo espiritual, en un plano similar al que se atribuye al sexo, con el que está íntimamente relacionado en celebraciones como las bacanales o la idea tántrica de “los cinco esenciales”: cereales (simbolizan el reino vegetal), carne (el reino animal), pescado (el reino acuático), vino (el ámbito sensorial) y unión sexual (el reino de lo espiritual).

  1. Esos cinco elementos conviven en un ritual que tiene mucho en común con las bacanales, en las que se manejan conceptos como “la borrachera sagrada” o “el sexo sagrado”;
  2. Las religiones del Libro (judaísmo, cristianismo e islamismo) repudian y combaten, con éxito, como es público y notorio, esa filosofía sensorial y se especializan en lo espiritual y en la represión de las inclinaciones hedonistas;

Conciben el paso por la tierra, el “valle de lágrimas”, como una especie de prueba iniciática para conseguir la dicha en una vida futura. El sexo se convierte en pecado (hasta el punto de que el dios de los cristianos es concebido sin intervención del sexo) y el vino pierde el carácter de vehículo de unión entre lo terrenal y lo espiritual y, para una parte de los cristianos, los católicos, adquiere el nivel máximo de bebida sagrada y pasa a ser nada menos que parte de la divinidad, la sangre de Cristo, aunque sigue siendo accesible al humano.

  • Hay que decir que esa separación del vino de su vínculo con el placer terrenal fue progresiva;
  • En las primeras fases del cristianismo mantiene su carácter sensorial, continuación, como tantas otras cosas en esa nueva religión, de las prácticas paganas imperantes;

El episodio de las bodas de Caná, en las que se pone en evidencia la relación estrecha del vino con los placeres de la carne, revela también que, tal como se sospecha, el fundador del cristianismo era mucho menos asceta de lo que fueron sus seguidores y de lo que difunde la doctrina oficial.

  • En la tercera religión del Libro, el islam, el vino escapa del alcance humano; está prohibido, como todo lo que afecta al cerebro (narcóticos), y, sin embargo, forma parte del premio que el Corán reserva a sus fieles: “He aquí el cuadro del Paraíso que ha sido prometido a los hombres piadosos: arroyos cuya agua no se malea nunca, arroyos de leche cuyo gusto no se alterará jamás, arroyos de vino, delicia de los que lo beban, arroyos de miel pura, de toda clase de frutos y del perdón de los pecados”, amén de la tantas veces prometida presencia de las huríes;

La prohibición coránica no ha sido monolítica a lo largo de la historia. Abundan las referencias, sobre todo en Al-Andalus a través de los poetas cordobeses, del consumo de vino entre los musulmanes. Pero ese consumo no es únicamente una trasgresión pecaminosa más o menos disimulada (en algunas etapas el vino es denominado eufemísticamente “jarabe”, tal vez por tratarse de vinos dulces del estilo de los pedroximénez actuales).

Los sufistas, cuya filosofía concibe el mundo como una emanación de Dios, consideran al vino como un símbolo de la gracia divina y heredan una idea que tiene gran relieve en el cristianismo, aunque es mucho más antigua, la del vino como sangre divina: para griegos y romanos es la sangre de Dionisos/Baco.

Dogma de fe El vino aparece en los primeros pasos de la mitología de las religiones del Libro con un papel cargado de simbolismo. Adán y Eva se cubren con una hoja de parra cuando son expulsados del Paraíso y, según la Mishna hebrea, el árbol de la ciencia, del bien y del mal que provocó el desastre sería una viña y no un manzano.

Ese concepto tiene continuación en la interpretación cabalística del mito de Noé, un personaje, por cierto, que existe también en las tradiciones del Asia Central; según los cabalistas el mito de Noé es una alegoría del conocimiento y la borrachera simboliza el acceso al conocimiento.

Sin embargo, el episodio donde el vino adquiere todo su peso iniciático y en el que adquiere su dimensión mística cristiana es en el de la última cena, el ofrecimiento simbólico del pan y el vino, convertidos en carne y sangre de Cristo, es decir, del mismo Dios.

  • Es una carga esotérica que se proyecta a la epopeya legendaria de la búsqueda del Grial, que es precisamente la copa utilizada por Jesús en la última cena, e interviene en la investigación alquimista de la piedra filosofal con algunos efectos colaterales: en la búsqueda del espíritu del vino se llega a los espirituosos, aprovechando el arte de la destilación, desarrollado por los árabes;

La última cena se reproduce simbólicamente en la ceremonia más importante del rito católico, la misa. No obstante, en los primeros siglos del cristianismo el ágape era real y se conmemoraba la última cena con un auténtico banquete, más o menos pródigo. Tal vez hubo más de un exceso de aire un tanto báquico y en 363 el Concilio de Laodicea prohibió tales ágapes, que quedaron en un mero símbolo: la hostia (palabra que tiene su raíz en el latín hostis, sacrificio) y el vino.

Por cierto que el vino quedó reservado a los oficiantes, de forma que los sacerdotes fueron los únicos que tenían acceso a la sangre (el vino) mientras que los fieles se conformaban con la carne (la hostia), tal como se celebra en la actualidad.

En la misa, los fieles entran en contacto directo con la divinidad y reproducen la ofrenda iniciática del pan y el vino, transformados milagrosamente en la carne y la sangre del fundador del cristianismo. Esa ceremonia, y concretamente la transformación del vino en sangre y el pan en carne, fue el origen de duras controversias, hasta el punto de provocar uno de los más sangrientos cismas de la cristiandad.

  1. El Concilio de Trento estableció en el siglo XVI el dogma de fe de la “transubstanciación”, es decir el cambio milagroso de la propia sustancia del pan y del vino consagrados, que se convierten durante la Eucaristía en carne y sangre divinas;

La transubstanciación es para los cristianos católicos una conversión real y no simbólica, como mantenía el suizo Zwinglio, o ideal o virtual, tal como mantenía el francés Calvino, dos de los más destacados herejes de la cristiandad. Su calificación como dogma de fe significa que los católicos han de creer en el principio de la transubstanciación al margen de lo que les digan sus sentidos.

Es decir, el vino de misa tiene aspecto de vino, huele a vino (más o menos) y sabe como el vino, pero es sangre. Y la hostia, igual. Un vino puro Con ese importante destino, el vino de consagrar no puede ser un vino cualquiera.

Ha de ser un vino puro y natural obtenido de uvas (“vinum debet esse naturale de genimine vitis et not corruptum”, dice el Canon 924), según los criterios establecidos por la jerarquía católica, que ha regulado minuciosamente los procesos de elaboración del pan y el vino de consagrar a través del Canon 815 del Código de Derecho Canónico, que data de 1917.

El vino de misa, ese oscuro objeto del deseo de todo monaguillo que se precie, tiene tras sí todo un complejo entramado de normas para su elaboración, definida y controlada nada menos que por el organismo eclesiástico heredero de la Inquisición.

No en vano, la ausencia de cualquiera de las tres características esenciales, natural, puro y de uva, invalida la ceremonia de la misa. El vino de misa ha de estar elaborado exclusivamente con uvas y tiene que haber fermentación. La norma no admite el mosto ni los vinos desalcoholizados.

Se acepta el vino de pasas pero no el de uvas agraces y en su elaboración y conservación no deben intervenir prácticas ni productos que alteren la naturaleza del vino o su composición. En la fermentación, que ha de ser “natural”, se admite el uso de levaduras cultivadas pero no el de las modernas levaduras seleccionadas.

Se prohíbe la adición de productos enológicos habituales, como yeso, azúcar, colorantes o decolorantes, taninos y clarificantes, con la excepción de clara de huevo, papel puro, sílice y asbesto. La jerarquía no considera aptos los vinos alterados o picados, pero está también prohibido el sulfitado de los vinos, aunque se admite la desinfección con sulfuroso de los depósitos y barricas, así como de los mostos.

Para la conservación del vino se autoriza la pasteurización, la concentración por frío, por vacío o por calor (calor moderado y aplicado por “baño maría”, no por fuego directo; no se autoriza la adición de alcohol, salvo en el caso de que haya riesgo de que el vino se corrompa.

La adición de agua se autoriza únicamente en el momento de la Eucaristía y sólo por considerar que reproduce la práctica habitual hace dos mil años de “bautizar” ligeramente los vinos. El resultado final es un vino blanco y dulce, con 100 a 150 gramos de azúcar por litro, y la verdad es que no demasiado atractivo según los parámetros actuales ya que la prohibición de adiciones y prácticas enológicas dejan al vino desprotegido ante los agentes externos, sobre todo ante la oxidación.

Catar los vinos de misa deja bastante en entredicho su imagen legendaria y sólo su carácter dulce (y seguramente también la faceta “espiritual” de las bebidas alcohólicas) puede justificar la no menos mítica atracción que ha ejercido sobre novicios y monaguillos.

Fecha publicación:Diciembre de 2004 Medio: Restauradores.

¿Qué representa el pan?

Su simbología incluiría en los rincones más profundos del inconsciente colectivo de los pueblos mediterráneos la idea de la procreación y los ciclos de la vida – En el antiguo Egipto, este alimento albergaba creencias muy complejas. El trigo se asociaba con el simbolismo de la resurrección o con la supervivencia de los muertos y el ciclo de las estaciones iba atado a esta metáfora.

  • Además, los egipcios incluían el pan en la tumba para el tránsito hacia el más allá de sus muertos como una manera de representar el paso a la abundancia;
  • Desde el siglo XII antes de Cristo, los griegos veneraban los misterios de Demeter, la diosa del pan y divinidad protectora de las cosechas y la fertilidad de los campos de Eleusis, que también intercedía en el reino de los muertos;

En la Roma imperial, los panaderos celebraban el 9 de junio las vestales, en honor a Vesta, la diosa del hogar asociada con el fuego que arde en la chimenea. El Challah es un pan trenzado especial que se consume en Shabat y en las festividades judías Getty Pero el pan no solo se ha vinculado a la espiritualidad y la vida después de la muerte, también a la procreación : el proceso de cargar, asar y descargar el horno conlleva un paralelismo con la copulación, embarazo y parto respectivamente. En Egipto, oscilaban nociones de procreación y fertilidad a su alrededor. El acto sexual y el instinto de reproducción encontraban un trasunto simbólico en la misteriosa fermentación del pan. En el Antiguo Testamento, el trigo y el pan son símbolos de la fecundidad de la tierra , jugando un papel importante en los sacrificios y las festividades judías.

¿Qué significado tiene la última cena del Señor?

El Jueves Santo es el día en que se conmemora la llamada Última Cena, en la que Jesús tomó alimentos por última vez con los 12 apóstoles, antes de ser aprehendido y crucificado. La última cena es un acto trascendental no sólo en términos religiosos judeocristianos, sino también en términos simbólicos de la trascendencia de la relación entre los alimentos, la incorporación de los alimentos y la sociabilidad alrededor de compartir la comida.

  1. Para los creyentes católicos, la última cena marca la institución de la Eucaristía como símbolo de comunión entre los cristianos y Cristo;
  2. En términos sociológicos, la Última Cena tiene diferentes simbolismos que ilustran nuestra relación con la comida y la sociabilidad alimentaria;

Para los creyentes, a partir del pan y vino, las personas que lo comen, “incorporan” también a Jesús. El principio de incorporación es una de las invariantes del comensal humano. Según el sociólogo Claude Fischler, el principio de incorporación se resume en la frase “Somos lo que comemos”.

Aunque esta frase es comúnmente utilizada en términos biológicos acerca del valor nutricional de los alimentos, lo cierto es que su significado filosófico va más allá de los atributos biológicos de los alimentos.

El somos lo que comemos, incorpora también símbolos, identidades, significados y creencias. En este sentido, la Eucaristía de la Última Cena, a través del simbolismo de “comer y beber la carne y la sangre de Cristo”, ilustra cómo nuestra relación con el principio de incorporación trasciende las propiedades nutricionales.

  1. Además, es significativo que la Última Cena de un personaje de importancia histórica como Jesús, transcurre en compañía de sus apóstoles, los más allegados a él;
  2. Bien podría Jesús simplemente haber elegido no comer del estrés de saber que iba a ser aprehendido, o por el contrario, tomar sus alimentos de manera aislada sin que esto trascendiera;

En los evangelios que describen la Última Cena, se hace hincapié en este hecho, pues en compartir los alimentos radica el símbolo de la unión que desde ese momento establecen los apóstoles con Jesús. Los banquetes comunitarios entre los judíos de la época de Jesús, eran actos ya investidos de importancia en la sociedad.

La Última Cena se volvió objeto de culto iconográfico a partir de la representación de Da Vinci, que todos sabemos, obedece a los cánones estéticos europeos de la época, y no a un retrato histórico fidedigno de la apariencia de Jesús y sus apóstoles.

Sin embargo, en esta obra icónica de altísimo valor artístico, se retratan también el poder de las interacciones sociales al momento de comer, poniendo especial énfasis, por ejemplo, en la auto exclusión que Judas el traidor hace de sí mismo en torno a la mesa.

La Última Cena representa también, en cierto modo, nuestra relación con el mundo terrenal por medio de la comida. La última cena de los condenados a muerte es una de las interrogantes de los análisis de prisioneros condenados a muerte en Estados Unidos.

¿Qué comerías si supieras que hoy es tu última cena?, es al final, un sinónimo de saber cómo sería tu despedida del mundo terrenal a partir la relación que estableces con las comidas de tu preferencia, por razones diferentes. Independientemente de las creencias de lo que suceda después de la muerte, la última cena marca la última oportunidad de relacionarse con el mundo de lo terrenal a partir de la incorporación de un alimento de disfrute.

¿Qué dice Hechos 2 42?

42 Y a perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la b hermandad, y en el partimiento del c pan y en las oraciones. 43 Y a toda persona le sobrevino a temor, y muchas maravillas y b señales eran hechas por los apóstoles.

¿Qué dice en Juan 6 35?

1 Después de esto, Jesús se fue al otro lado del mar de Galilea, que es el de Tiberias. 2 Y le seguía una gran multitud, porque veían los milagros que hacía en los enfermos. 3 Y subió Jesús a un monte y se sentó allí con sus discípulos. 4 Y estaba cerca la a Pascua , la fiesta de los judíos.

5 Y cuando alzó Jesús los ojos y vio que había venido a él una gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman estos? 6 Pero esto decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer.

7 Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no les bastarán para que cada uno de ellos tome un poco. 8 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: 9 Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero, ¿qué es esto para tantos? 10 Entonces Jesús dijo: Haced recostar a la gente.

Y había mucha hierba en aquel lugar, y se recostaron como en número de a cinco mil hombres. 11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado a gracias , los repartió a los discípulos, y los discípulos a los que estaban recostados; asimismo repartió de los pescados, cuanto querían.

12 Y cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: Recoged lo que ha quedado, para que no se pierda nada. 13 Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos de los cinco panes de cebada que les sobraron a los que habían comido. 14 Entonces aquellos hombres, cuando vieron el a milagro que Jesús había hecho, dijeron: Verdaderamente este es el b profeta que había de venir al mundo.

15 Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle a rey , volvió a retirarse al monte, él solo. 16 Y al anochecer, descendieron sus discípulos al mar; 17 y entrando en una barca, iban cruzando al otro lado del mar hacia Capernaúm.

Y estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. 18 Y se encrespaba el mar con un gran viento que soplaba. 19 Y cuando habían remado como veinticinco o treinta a estadios , vieron a Jesús que andaba sobre el mar y que se acercaba a la barca, y tuvieron miedo.

  • 20 Mas él les dijo: ¡Yo soy; no temáis! 21 Ellos entonces le recibieron con gusto en la barca, y enseguida la barca llegó a la tierra a donde iban;
  • 22 Al día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había habido allí más que una sola barca y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían ido solos;

23 Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor. 24 Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos en las barcas y fueron a Capernaúm, buscando a Jesús.

  • 25 Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? 26 Les respondió Jesús y dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, a no porque habéis visto los milagros, sino porque comisteis el pan y os saciasteis;

27 a Trabajad , no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna, la cual el b Hijo del Hombre os dará, porque a este c selló Dios el Padre. 28 Entonces le dijeron: ¿Qué haremos para poner en práctica las obras de Dios? 29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios: que creáis en el que él ha enviado.

30 Entonces le dijeron: ¿Qué a señal , pues, haces tú, para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.

32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, sino mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34 Y le dijeron: Señor, danos siempre este pan.

  1. 35 Y Jesús les dijo: Yo soy el a pan de vida ; el que a mí viene nunca tendrá hambre; y el que en mí cree no tendrá b sed jamás;
  2. 36 Pero ya os he dicho que, aunque me habéis visto, no creéis;
  3. 37 Todo lo que el Padre me a da vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echaré fuera;

38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi a voluntad , sino la voluntad del que me envió. 39 Y esta es la a voluntad del Padre que me envió: Que todo lo que me ha dado b no lo pierda, sino que c lo resucite en el día postrero. 40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo y cree en él tenga a vida eterna ; y b yo le resucitaré c en el día postrero.

  • 41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo;
  • 42 Y decían: ¿No es este Jesús, el hijo de a José , cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, ahora dice: Del cielo he descendido? 43 Y Jesús respondió y les dijo: No a murmuréis entre vosotros;
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44 a Ninguno puede venir a mí si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45 Escrito está en los profetas: Y todos serán enseñados por Dios. Así que, todo aquel que ha oído al a Padre y ha aprendido de él viene a mí. 46 No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que viene de Dios, este ha a visto al Padre.

47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de vida. 49 Vuestros padres comieron el a maná en el desierto y están muertos. 50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él coma no muera.

51 Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el a pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la b vida del mundo. 52 Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne? 53 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no a coméis la carne del Hijo del Hombre ni bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

  1. 54 El que come mi a carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, b y yo le c resucitaré en el día postrero;
  2. 55 Porque mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre verdaderamente es bebida;
  3. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él;

57 Así como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo, el que a me come también vivirá por mí. 58 Este es el pan que descendió del cielo, no como vuestros padres, que comieron el maná y murieron. El que come de este pan vivirá eternamente.

59 Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaúm. 60 Entonces, al oír lo, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? 61 Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza? 62 ¿Pues qué, si vierais al Hijo del Hombre a subir a donde estaba primero? 63 El a espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

64 Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién le había de a entregar. 65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, a si no le es concedido por el Padre. 66 Desde entonces, muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no a andaban con él.

67 Dijo entonces Jesús a los doce: ¿También vosotros queréis iros? 68 Y le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes a palabras de vida eterna. 69 Y nosotros a hemos creído y sabemos que tú eres el Cristo, el b Hijo del Dios viviente.

70 Jesús les respondió: ¿No os he a escogido yo a vosotros doce, y uno de vosotros es diablo? 71 Y hablaba de Judas Iscariote hijo de Simón, porque este era el que le iba a entregar, y era uno de los doce.

¿Qué dice 1 Corintios 11 23 26?

1 Sed imitadores de mí, así como yo lo soy de a Cristo. 2 Y os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las a instrucciones tal como os las enseñé. 3 Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la a cabeza de la mujer, y Dios, la b cabeza de Cristo.

  1. 4 Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, deshonra su cabeza;
  2. 5 Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, deshonra su cabeza, porque lo mismo es que si se hubiese rapado;

6 Porque si la mujer no se cubre la cabeza, córtese también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, cúbrase. 7 Porque el varón no ha de cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón, 8 porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, 9 Y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.

10 Por lo cual, la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. 11 Pero en el Señor, ni el a varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón. 12 Porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios.

13 Juzgad vosotros mismos: ¿Es apropiado que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza? 14 La naturaleza misma, ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? 15 Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso, porque en lugar de velo le es dado el cabello.

16 Con todo eso, si alguno quiere ser a contencioso , nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios. 17 Pero en esto que os anuncio, no os alabo, porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor.

18 Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros a disensiones ; y en parte lo creo. 19 Porque es preciso que entre vosotros haya a herejías , para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados. 20 Cuando, pues, os reunís en común, esto a no es comer la cena del Señor.

  • 21 Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga;
  • 22 Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la a iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo;

23 Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó a pan , 24 y habiendo dado gracias, lo partió y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.

  • 25 Asimismo, tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo a convenio en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebáis, en memoria de mí;
  • 26 Porque todas las veces que comáis este a pan , y bebáis esta copa, la b muerte del Señor anunciáis hasta que él venga;

27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor a indignamente , será b culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28 Por tanto, a examínese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. 29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, come y bebe a juicio para sí.

30 Por lo cual hay muchos a enfermos y debilitados entre vosotros; y muchos duermen. 31 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados. 32 Pero siendo juzgados, somos a disciplinados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

33 Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. 34 Si alguno tiene hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando llegue.

¿Qué quiere decir haced esto en memoria de mi?

Las horas que estaban por transcurrir cambiarían el significado de la historia de la humanidad; serían el momento mas grandioso de la eternidad, el milagro mas extraordinario de todos; serían la contribución suprema a un plan concebido desde antes de la fundación del mundo para la felicidad de todo hombre, mujer y niño que viviera en el.

La hora del sacrificio expiatorio había llegado. El propio Hijo de Dios, Su Unigénito en la carne, pronto se convertiría en el Salvador del mundo. El lugar era Jerusalén durante la época de la Pascua, una celebración llena de simbolismo por lo que habría de suceder.

Mucho tiempo atrás, se había “pas[ado] por encima” de las casas de los afligidos y esclavizados israelitas, se les había perdonado la vida y finalmente liberado por medio de la sangre de un cordero, untada sobre el dintel y los postes de las casas egipcias (véase Exodo 12:21-24).

Eso, a su vez, había sido sólo una reiteración simbólica de lo que se les había enseñado a Adán y a todos los profetas que le sucedieron desde el comienzo del mundo: que los corderos puros y sin mancha de las primicias de los rebaños israelitas eran una semejanza, señal y representación del grandioso y supremo sacrificio del Cristo que habría de venir (véase Moisés 5:5-8).

En aquel día, después de todos esos años y de todas esas profecías y ofrendas simbólicas, el símbolo estaba por convertirse en realidad. La noche en la que el ministerio de Jesus estaba por llegar a su fin, la declaración que había hecho Juan el Bautista al comienzo de ese ministerio cobro mayor significado que nunca: “… He aquí el Cordero de Dios” (Juan 1:29).

Al estar por terminarse aquella ultima cena preparada en forma especial, Jesus tomo el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio a Sus Apóstoles, diciendo: “Tomad, comed” (Mateo 26:26). “Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mi” (Lucas 22:19).

De igual manera, tomo la copa de vino, que tradicionalmente se diluía con agua, y, habiendo dado gracias, la paso para que bebieran de ella los que se encontraban presentes, diciendo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre”, “que … es derramada para remisión de los pecados”.

“Haced esto en memoria de mi”. “Así, pues, todas las veces que comiéreis este pan, y beberéis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que el venga” (Lucas 22:20; Mateo 26:28; Lucas 22: 19; 1 Corintios 11:26).

Desde aquel acontecimiento que tuvo lugar en el aposento alto, en la víspera de Getsemaní y del Gólgota, los hijos de la promesa han estado bajo convenio de recordar el sacrificio de Cristo en esta forma nueva, mas perfecta, mas santa y personal. Con el trozo de pan, siempre partido, bendecido y ofrecido primero, recordamos Su cuerpo herido y Su corazón quebrantado, Su sufrimiento físico sobre la cruz cuando clamo: “Tengo sed” y finalmente: “Dios mío, Dios mío, ¿por que me has desamparado?”(Juan 19:28; Mateo 27:46).

El sufrimiento físico del Salvador garantiza que, por medio de Su misericordia y gracia (véase 2 Nefi 2:8), todo miembro de la familia humana quedara libre de los lazos de la muerte y será resucitado triunfalmente de la tumba.

Claro esta que el momento de la resurrección y el grado de exaltación que obtengamos se basan en nuestra fidelidad. Con un vasito de agua recordamos el derramamiento de la sangre de Cristo y la profundidad de Su sufrimiento espiritual, la angustia que comenzó en el huerto de Getsemaní, en donde dijo: “Mi alma esta muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38).

“Y estando en agonía, oraba mas intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22:44). El sufrimiento espiritual del Salvador y el derramamiento de Su sangre inocente, que El ofreció en forma tan amorosa y voluntaria, pagues la deuda de lo que las Escrituras llaman la “transgresión original” de Adán (Moisés 6:54).

Además, Cristo sufrió por los pecados, los sufrimientos y los dolores de todo el resto de la humanidad, proporcionando también la remisión de todos nuestros pecados, a condición de que obedezcamos los principios y las ordenanzas del evangelio que El enseñó (véase 2 Nefi 9:21-23).

  1. Como el apóstol Pablo escribió, fuimos “comprados por precio” (1 Corintios 6:20);
  2. ¡Que precio tan caro y cuan misericordiosa compra! Es por esa razón que toda ordenanza del evangelio se concentra, de una forma u otra, en la expiación del Señor Jesucristo ; y no hay duda de que esa es la razón por la que recibimos esa ordenanza particular, con todos sus simbolismos, mas regularmente y con mas frecuencia que ninguna otra en la vida;

Se presenta en lo que se conoce como “la mas sagrada, la mas santa de todas las reuniones de la Iglesia” (Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, comp. por Bruce R. McConkie, 3 tomos, Salt Lake City: Bookcraft, 1954-1956, 2:320). Quizás no siempre le demos esa clase de significado a la reunión sacramental de todas las semanas.

¿Cuan “sagrada” y “santa” es? ¿La consideramos como nuestra Pascua, la forma de recordar nuestra protección, salvación y redención? Por ser tan trascendental, esta ordenanza, que conmemora nuestra liberación del ángel de las tinieblas, debe tomarse con mas seriedad de la que por lo general se le da.

Debe ser un momento importante, reverente, de reflexión; que promueva sentimientos e impresiones espirituales. Por tanto, no debe realizarse de prisa; no es algo que se tenga que hacer “a la carrera” para de ese modo empezar con el verdadero propósito de la reunión sacramental, sino que esta ordenanza es el verdadero propósito de la reunión; y todo lo que se diga, se cante y se ore en esos servicios debe estar en armonía con la grandiosidad de tan sagrada ordenanza.

  • La administración y el reparto de la Santa Cena van precedidos de un himno, que todos debemos cantar, sea cual sea el talento que tengamos para hacerlo;
  • De todos modos, los himnos sacramentales son como oraciones, ¡y todos podemos expresarnos en una oración! Jamás podremos comprender las penas que sufrió, mas para darnos salvación El en la cruz murió;

Un elemento importante de nuestra adoración es el unirnos en esas líricas y conmovedoras expresiones de gratitud. En esa perspectiva sagrada, les pedimos a ustedes, jóvenes del Sacerdocio Aarónico, que preparen, bendigan y repartan los emblemas del sacrificio del Salvador de una manera digna y reverente.

  1. ¡Que privilegio extraordinario y confianza tan sagrada se les ha otorgado a tan temprana edad! No puedo pensar en mayor elogio que el cielo les pudiera conceder;
  2. En verdad les amamos; traten de vivir lo mejor posible y de vestirse con lo mejor que tengan cuando participen en el sacramento de la Santa Cena del Señor;

Permítanme sugerir que, siempre que sea posible, tanto los diáconos, como los maestros y presbíteros que administran la Santa Cena lleven camisa blanca. Para las sagradas ordenanzas de la Iglesia, con frecuencia utilizamos ropa ceremonial; por tanto, una camisa blanca se podría considerar un tierno recordatorio de la ropa blanca que utilizaron en la pila bautismal y un precedente de la camisa blanca que pronto se pondrán en el templo y en la misión.

  • No deseamos que esta simple sugerencia tenga un tono farisaico ni formalista; no queremos diáconos ni presbíteros uniformados que se preocupen excesivamente por ninguna otra cosa excepto su propia pureza;

Sin embargo, la forma en que la gente joven se vista puede enseñarnos un principio santo a todos y ciertamente dar a los demás una impresión de santidad. Como el presidente David O. McKay dijo una vez: “Una camisa blanca contribuye al carácter sagrado de la Santa Cena” (véase “Conference Report”, octubre de 1956, pág.

89). En el lenguaje sencillo y hermoso de las oraciones sacramentales que esos jóvenes presbíteros ofrecen, la palabra principal que escuchamos parecería ser: recordarle. En la primera y un poco mas larga oración que se ofrece para bendecir el pan, se menciona nuestra disposición de tomar sobre nosotros el nombre del Hijo de Dios y de guardar los mandamientos que El nos ha dado.

Ninguna de esas frases se menciona en la bendición del agua, aun cuando se da por sentado y se espera que las cumplamos. Lo que se recalca en ambas oraciones es que todo se hace en memoria de Cristo. Cuando tomamos la Santa Cena, testificamos que siempre le recordaremos para que siempre podamos tener Su Espíritu con nosotros (véase D.

  • y C;
  • 20:77, 79);
  • Si recordar es lo mas importante que debemos hacer, len que debemos pensar cuando se nos ofrecen esos sencillos y preciosos emblemas? Podríamos recordar la vida preterrenal del Salvador y todo lo que sabemos que hizo como el gran Jehová, el Creador de los cielos y de la tierra y de todas las cosas que hay en ella; podríamos recordar que aun en el gran concilio de los cielos El nos amaba y fue maravillosamente fuerte, que aun allí triunfamos mediante el poder de Cristo y nuestra fe en la sangre del Cordero (véase Apocalipsis 12:10-11);

Podríamos recordar la sencilla grandeza de su nacimiento terrenal a una joven mujer, que posiblemente tuviera la edad de las jovencitas de nuestra organización de las Mujeres Jóvenes, que habló por cada una de las mujeres fieles de todas las dispensaciones de los tiempos, cuando dijo: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38).

Podríamos recordar Su magnifico pero virtualmente desconocido padre “adoptivo”, un humilde carpintero que nos enseñó, entre otras cosas, que han sido personas tranquilas, sencillas y sin pretensiones, las que han sacado adelante esta magnifica obra desde el comienzo y continúan haciéndolo en la actualidad.

Si prestan servicio en forma casi anónima, recuerden que de esa forma también lo hizo uno de los mejores hombres que ha vivido sobre la faz de la tierra. Podríamos recordar los milagros y las enseñanzas de Cristo, la forma en que El sanó y prestó ayuda a Sus semejantes; podríamos recordar que devolvió la vista al ciego, el oído al sordo y el movimiento al lisiado, al mutilado y al atrofiado.

Entonces, en esos días en que sintamos que nuestro progreso se ha detenido o nuestra alegría y la visión del futuro se ha empanado, podremos seguir adelante con firmeza en Cristo, con una fe inquebrantable en El y un fulgor perfecto de esperanza (véase 2 Nefi 31:19-20).

Podríamos recordar que aun a pesar de la misión solemne que se le había encomendado, el Salvador encontraba deleite en la vida, disfrutaba de la gente y les dijo a Sus discípulos que tuvieran animo. El dijo que debíamos sentirnos tan llenos de regocijo con el evangelio como alguien que haya encontrado una verdadera perla de gran precio a las puertas de su casa.

Podríamos recordar que Jesus encontró gozo y felicidad especiales en los niños, y recalcó que todos deberíamos ser como ellos: inocentes y puros, prestos para reír, amar y perdonar, y lentos para recordar cualquier ofensa.

Podríamos recordar que Cristo llamo amigos a Sus discípulos y que los amigos son los que nos dan su apoyo en los momentos de soledad o a las puertas de la desesperación; podríamos recordar a un amigo con el cual necesitemos ponernos en contacto o, mejor aun, a alguien a quien debamos ofrecer nuestra amistad.

Al hacerlo, podríamos recordar que Dios muchas veces nos proporciona Sus bendiciones por medio del servicio oportuno y caritativo de otra persona. Para alguien que se encuentre cerca de nosotros, es posible que seamos el medio por el cual el cielo da contestación a una apremiante oración.

Podríamos, y deberíamos, recordar las cosas maravillosas que hemos recibido en nuestra vida y que “todas las cosas que son buenas vienen de Cristo” ( Moroni 7:24 ). Los que recibimos abundantes bendiciones podríamos recordar el valor de aquellos que nos rodean y que enfrentan mas dificultades que nosotros pero que permanecen animados, que hacen todo lo que esta a su alcance y confían en que la Estrella Resplandeciente de la Mañana aparecerá nuevamente para ellos, como por cierto lo hará (véase Apocalipsis 22:16).

Habrá ocasiones en que tendremos razón para recordar el trato cruel que se le dio, el rechazo que sufrió y la injusticia-la terrible injusticia-que padeció. Cuando nosotros enfrentemos algo semejante en la vida, podremos recordar que Cristo también estuvo atribulado por doquier, mas no angustiado; confuso, mas no desesperado; perseguido, mas no desamparado; derribado, pero no destruido (véase 2 Corintios 4:8-9).

Cuando nos lleguen esas épocas difíciles, podemos recordar que Jesus tuvo que descender debajo de todo antes de ascender a lo alto, y que sufrió dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases para estar lleno de misericordia y saber cómo socorrer a Su pueblo en sus enfermedades (véase D.

y C. 88:6; Alma 7:1 1 -12). El esta allí para sostener y fortalecer a los que vacilen o tropiecen. Al final, esta allí para salvarnos, y por todo ello El dio su vida. Por mas obscuros que parezcan nuestros días, para el Salvador del mundo han sido aun mucho mas tenebrosos.

De hecho, en Su cuerpo resucitado y en toda otra forma perfecto, el Señor de esta mesa sacramental ha optado por mantener las heridas en las manos, los pies y el costado para beneficio de Sus discípulos, como señales, por así decirlo, de que aun los que son perfectos y puros pasan por trances dolorosos; señales de que el dolor en este mundo no es una evidencia de que Dios no nos ama.

Es el Cristo herido el que es el capitán de nuestra alma, el que todavía lleva consigo las cicatrices de Su sacrificio, las lesiones del amor, la humildad y el perdón. Son esas heridas las que El invita a ver y palpar, a viejos y jóvenes, antes y ahora (véase 3 Nefi 11:15; 18:25).

Entonces recordamos con Isaías que fue por cada uno de nosotros que nuestro Maestro fue “despreciado y desechado … varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isaías 53:3). En todo eso podríamos pensar cuando un joven presbítero arrodillado nos invita a recordar a Cristo siempre.

Esta ordenanza no se realiza mas con una cena, pero continua siendo un banquete. Por medio de ella podemos adquirir la fortaleza que precisaremos para hacer frente a lo que se nos presente en la vida, y al hacerlo, demostraremos mas compasión hacia los demás a lo largo del camino.

En esa noche de profunda angustia y sufrimiento, Cristo les pidió a Sus discípulos una sola cosa: que le apoyaran y se mantuvieran junto a El en esa hora de pesar y dolor. “¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?”, preguntó entristecido (Mateo 26:40).

  • Yo creo que esa misma pregunta nos la hace a todos nosotros cada domingo en que se parten, bendicen y reparten los emblemas de Su vida;
  • Jesus, en la corte celestial, mostró Su gran amor al ofrecerse a venir y ser el Salvador;

“Cuan asombroso es lo que dio por mí” (Himnos, No. 118). Testifico de El, quien es el Autor de todo, y lo hago en el nombre de Jesucristo. Amen.